No me atreví, lo confieso: temblaba horrorizado imaginándome la creciente atrocidad de las penas que merecieron los reos aquí confinados, presos en la más despiadada de las cárceles. Dante y Virgilio, sí, descendieron desde este lugar en el que continúo atrapado. Estancia dónde los paganos y descreídos, cuyas existencias transcurrieron conforme a la dignidad de los principios justos, aguardan un dictamen que esclarezca su destino. La suerte que también me concierne y es lance que atañe a quienes fallecieron carentes de la gracia bautismal... Pero insisto, ángel y poeta, prosiguieron su marcha, esa es la verdad, y supieron del Infierno, de sus horrores y sus causas, y, ya de vuelta, tras saber de las lindes del Paraíso, obró el autor con mano firme para dar a conocer al mundo LA DIVINA COMEDIA.
Sin embargo, no lo contó todo. Yo lo sé. Por ejemplo, olvidó mencionar el tormento preferido de entre los que elige Minos cuando se trata de casos como los que se registran en el Segundo Círculo. Para humillar sin límites, a quienes se sirvieron del propio atractivo carnal mancillando el honor de las personas y sus sentimientos, o actuaron egoístamente en nombre del amor hasta el punto de negarlo a fuer de violentos, no existe freno ni medida. Porque, a los pérfidamente lujuriosos, a los que toman y dejan a sus semejantes sin atención ni respeto, a los criminales que abusan sexualmente de otros, a los que arrebatan la vida de sus amores y amantes, precisamente en nombre de lo que designan pasión y no es más que falsa seducción, les espera la gala que tentará sus apetitos, el anzuelo caramelizado y, por ser así, la más macabra de las sorpresas: voluptuosa e irresistible cual el canto de las sirenas, en celo y notoria, de acuerdo a las preferencias de los que se hicieron acreedores a la plaza de tortura que allí les retiene, la fascinación latente en cuerpo vivo. Una criatura que se presenta sin melindres, dispuesta a ofrecerse sin reservas y les propone el beso eterno. Ósculo que no es ni la paz de los benditos ni la ruda efusión en los traicioneros labios de Judas. Caricia proporcionada para experimentar el más alocado ayuntamiento de las bocas, mordisco sexual en pos del goce sin pausa, delirio quizás solo al alcance de los que se saben a la par de Júpiter. Y es así, al principio. Pero, del mismo modo que la avenida de agua tras la tormenta hace olvidar al río, enseguida se envenenan los gestos y la melosísima danza de labios y bocas hasta ese momento sucedida, es origen de un caldo de cultivo en el que proliferan gusanos y otros horribles insectos cuyo paladar- mezcla repugnante de la sazón de los más asquerosos excrementos con el gusto de la hiel y el azufre- es sabor que no cesa.
Sin embargo esto no es nada con lo que nos espera. Digo a los de aquí, a los de este espacio, casa primera o círculo al que se llamó también el Limbo, que será tragado por la historia- arrastrando al olvido a todos los que lo habitamos- según deseo de los teólogos y del Papa. A tantos hombres y mujeres que ni somos muertos, ni somos vivos, ni somos mitad y mitad. Seres que se han de repetir por los siglos de los siglos y, ahora, obligados a multiplicarnos hasta el hartazgo, tal vez en la esperanza de alcanzar una concentración de energía que explosione al cabo. Sí, que se produzca una deflagración al fin, aunque los signos de su percusión equivalgan tan solo al murmullo de una burbujita en medio del universo. Que estalle por nuestro bien, desconfiando como desconfiamos de la misericordia de Dios, favor al que nos han encomendado: puesto que, nunca es de otro modo y al clamor originado para demandarla corresponden los sonidos de la ausencia, de perdidos a la nada.
jueves, mayo 22, 2008
EN EL CÍRCULO PRIMERO
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MIS CUENTOS
miércoles, mayo 14, 2008
FICCIÓN, NO FICCIÓN Y EL FUTURO
Ficción, no ficción y el futuro
Por Juan Bonilla
EL MUNDO 12/05/08
Tom Wolfe en la Feria del Libro de Buenos Aires: una turbamulta de periodistas jóvenes, universitarios a los que su Gobierno aún no les ha dicho que el futuro de la Universidad es convertirse en el parvulario de las empresas como en España, le rodean admirados, esperan sus palabras con sed de verdad o espectáculo, tanto dará. Y va el astro americano y dice -después de habernos castigado con varias novelas antecedidas por declaraciones en las que aseguraba que el futuro era Dickens- que no, que ahora el futuro es la no ficción, que sólo la no ficción puede calar nuestra época con verdadera fidelidad.
Aplausos: los allí presentes creen fielmente en la no ficción. Y luego el maestro/guru/santo del yo como conductor de cualquier texto periodístico y de la onomotopeya futurista como ambientador de textos, se descuelga con una defensa de lo textual, dice que miremos la Historia, que hace 160 años ya que padecemos medios de comunicación que no necesitan de lo textual y en cambio de todas las noticias importantes nos hemos enterado siempre por la prensa escrita, y eso seguirá pasando. Aplaudos. Ovación. Los allí presentes creen fielmente en el periodista con cuaderno y prosa rápida. Y uno se pregunta: ¿Dónde estaba Tom Wolfe el 11 de septiembre del 2001? ¿Tuvo que esperar de veras al 12 de septiembre para enterarse de lo de los aviones y el World Trade Center?
Ninguna táctica peor para el alzamiento de un género cualquiera que la de minusvalorar a quien se considera su enemigo. Cuánta más altura le quites a tu enemigo para ponértela tú, menor será tu victoria, si ésta se termina produciendo y si ésta tiene verdadero sentido.
Wolfe es claro partidario del uso de los mecanismos de ficción en la no ficción, y puede que no se dé cuenta del homenaje que así le hace a quien ahora considera su enemiga, quizá porque se le ha agotado el caudal de hacer ficciones. Lo hemos visto antes: autores que dicen que un género cualquiera se acaba porque él ha decidido no practicarlo más, la confusión entre lo que pasa en tu computadora y lo que pasa en todo el mundo.
Tom Wolfe viene de un país, por cierto, donde casi un 60% de la población considera que el Génesis es un documento periodístico fiable escrito por un buen reportero capacitado para contar con cierta exactitud lo que de verdad pasó en la creación del mundo: el Génesis como primera obra del nuevo periodismo. No exactamente una no ficción escrita con técnicas de ficción (eso es lo que quisieran ellos), sino al contrario: una portentosa ficción escrita con técnica de no ficción.
Ese es el triunfo de los creacionistas: sabían que la ficción genera desconfianza (bah, no es verdad), así que lo que necesitaban era precisamente colar como no ficción lo que no es más que ficción -y además del género infantil, el que más éxito tiene en nuestro tiempo-. Tom Wolfe se pone de parte de los creacionistas, quién nos lo iba a decir, pero para darse un toque distinguido, de coqueta antigüedad, se suelta con eso de que todo lo importante de lo que nos enteramos pertenece a la cultura escrita.
A estas alturas. Los organizadores de peleas de perros entre géneros puede que se froten las manos continuamente y logren poner de moda -ya lo han hecho en los círculos académicos- la cansada discusión acerca de quién la tiene más larga, la ficción o la no ficción, pero los resultados no dejan de ser amuermantes. Me aburro, como dice contundentemente Homer Simpson.
Si la realidad es el único lugar donde se puede conseguir un buen filete -según decía Woody Allen (y una buena guerra, habría que añadir)-, la ficción es el único lugar del mundo donde un personaje abominable al que no nos gustaría tener de vecino ni cruzarnos con él como Tony Soprano, puede engancharnos a sus andanzas, hacérsenos necesario, crear adicción.
Restarle méritos y grandeza a Los Soprano, por ejemplo, por ser una ficción es tan tonto como restárselo por ser una serie televisiva y no una obra textual: supersticiones de anticuario. Tom Wolfe es muy dueño de jugar a augur: ya lo ha hecho antes y conmueve pensar que acertó muy poco. Para empezar, en alguien tan aficionado a sacarle todo el partido posible a las palabras es extraño que hable tanto del futuro, el lugar al que nos dirigimos pero al que no llegaremos nunca, un exquisito monstruo que sabe sucederse a sí mismo como el horizonte, un espejismo al que le podemos imponer los hechos y posibilidades que queramos que él podrá corregirse una y otra vez sin ningún remordimiento.
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NARRACIONES CON NOMBRE PROPIO.
lunes, mayo 12, 2008
LA REINA DE ÁFRICA
LA REINA DE ÁFRICA
ABC 12 DE MAYO DE 2008
POR Ignacio Camacho
CUANDO un progre o una progre salen de la confortable Europa para ejercer de misioneros laicos suelen topar con realidades chocantes que agrietan su sentido etnocéntrico de la existencia: gente que corta las manos de los ladrones, mutila el clítoris de las chicas o se casa con varias mujeres a la vez. Otros comen insectos o se cuelgan una pesa de los genitales. Es lo que tiene viajar, que se conoce mundo ancho y diverso. Si unos anfitriones te honran sirviendo a la mesa una cucaracha frita hay que sonreír y fingir falta de apetito, pero si te presentan a un harén conviene disimular y hacer mutis por el foro. Sobre todo si eres feminista y no te gusta hacer el ridículo.
A la vicepresidenta De la Vega la han puesto en un aprieto multicultural al retratarla con un polígamo nigerino (que no nigeriano) para el que constituía todo un honor presentarle a su numerosa familia. Iba la dama de safari antropológico, versión moderna de la «Reina de África»; buen rollito, desarrollo cooperativo, nalingi botondi, amigos para siempre y tal, pero sus asistentes personales olvidaron meterle el manual de costumbres indígenas en el equipaje, junto al salakoff mental con el que los europeos suelen viajar al Tercer Mundo. Ahora se declara «horrorizada» al verse fotografiada en tan imprudente renuncio, que hace chirriar su buena conciencia igualitaria. Algún reflejo intuitivo o prudente impulsó a sus acompañantes Leire Pajín y Bibiana Aído a quedarse discretamente al margen de la escena; debieron olerse la tostá, pero esas cosas se avisan, mujeres de Dios. Y más a la jefa de una.
La encerrona se presta a chistes fáciles, y algunos crueles, pero es más interesante la categoría que la anécdota. La categoría consiste en la paradoja desnuda a la que se enfrenta nuestro progresismo igualitarista cuando se aleja de sus frágiles coordenadas geográficas y sociales y encara realidades complejas que ponen en solfa el multiculturalismo de boquilla y la superioridad redentorista con que a menudo sale de paseo la izquierda. La vice y sus colegas iban al Níger a exportar igualdad de género y se dieron de bruces con la Alianza de Civilizaciones en todo su contradictorio esplendor. Ocupada como está en enredar con la confesión católica de la mayoría de sus compatriotas, De la Vega recibió «in situ» una lección recordatoria sobre qué clase de religiones son las que chocan frontalmente con las costumbres democráticas y los derechos humanos. Eso sí que es mestizaje de creencias (Blanco dixit), y por inmersión.
Claro que si de choque de culturas y de relativismos se trata, quizás hubiera que preguntarle al sonriente polígamo que tan ufano estaba de posar con su horrorizada benefactora. Seguramente le ofenderá el rechazo y le parecerá extravagante que los mismos europeos que se escandalizan de que esté matrimoniado con tres mujeres admitan con naturalidad que un hombre pueda casarse con otro. Que alguien ate esa mosca multicultural por el rabo.
ABC 12 DE MAYO DE 2008
POR Ignacio Camacho
CUANDO un progre o una progre salen de la confortable Europa para ejercer de misioneros laicos suelen topar con realidades chocantes que agrietan su sentido etnocéntrico de la existencia: gente que corta las manos de los ladrones, mutila el clítoris de las chicas o se casa con varias mujeres a la vez. Otros comen insectos o se cuelgan una pesa de los genitales. Es lo que tiene viajar, que se conoce mundo ancho y diverso. Si unos anfitriones te honran sirviendo a la mesa una cucaracha frita hay que sonreír y fingir falta de apetito, pero si te presentan a un harén conviene disimular y hacer mutis por el foro. Sobre todo si eres feminista y no te gusta hacer el ridículo.
A la vicepresidenta De la Vega la han puesto en un aprieto multicultural al retratarla con un polígamo nigerino (que no nigeriano) para el que constituía todo un honor presentarle a su numerosa familia. Iba la dama de safari antropológico, versión moderna de la «Reina de África»; buen rollito, desarrollo cooperativo, nalingi botondi, amigos para siempre y tal, pero sus asistentes personales olvidaron meterle el manual de costumbres indígenas en el equipaje, junto al salakoff mental con el que los europeos suelen viajar al Tercer Mundo. Ahora se declara «horrorizada» al verse fotografiada en tan imprudente renuncio, que hace chirriar su buena conciencia igualitaria. Algún reflejo intuitivo o prudente impulsó a sus acompañantes Leire Pajín y Bibiana Aído a quedarse discretamente al margen de la escena; debieron olerse la tostá, pero esas cosas se avisan, mujeres de Dios. Y más a la jefa de una.
La encerrona se presta a chistes fáciles, y algunos crueles, pero es más interesante la categoría que la anécdota. La categoría consiste en la paradoja desnuda a la que se enfrenta nuestro progresismo igualitarista cuando se aleja de sus frágiles coordenadas geográficas y sociales y encara realidades complejas que ponen en solfa el multiculturalismo de boquilla y la superioridad redentorista con que a menudo sale de paseo la izquierda. La vice y sus colegas iban al Níger a exportar igualdad de género y se dieron de bruces con la Alianza de Civilizaciones en todo su contradictorio esplendor. Ocupada como está en enredar con la confesión católica de la mayoría de sus compatriotas, De la Vega recibió «in situ» una lección recordatoria sobre qué clase de religiones son las que chocan frontalmente con las costumbres democráticas y los derechos humanos. Eso sí que es mestizaje de creencias (Blanco dixit), y por inmersión.
Claro que si de choque de culturas y de relativismos se trata, quizás hubiera que preguntarle al sonriente polígamo que tan ufano estaba de posar con su horrorizada benefactora. Seguramente le ofenderá el rechazo y le parecerá extravagante que los mismos europeos que se escandalizan de que esté matrimoniado con tres mujeres admitan con naturalidad que un hombre pueda casarse con otro. Que alguien ate esa mosca multicultural por el rabo.
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jueves, mayo 08, 2008
LA CRISIS LLEGA A LOS MENDIGOS
LA CRISIS LLEGA A LOS MENDIGOS
FARO DE VIGO 6 de mayo de 2008
Por Anxel Vence
Juzgan estos días en Valencia a un mendigo acusado de ultimar a otro de una cuchillada para arrebatarle el puesto en el que pedía limosna a la puerta de una iglesia. Anécdotas como estas ilustran mucho mejor que las grandes cifras de la macroeconomía el verdadero alcance de la crisis que está llegando. Ya no sólo son poderosas multinacionales las que se pelean por quitarle cuota de mercado a la competencia. También han empezado a hacerlo -y con el mismo instinto homicida, por lo que se ve- los pedigüeños que acaso representen el más modesto escalón de la economía y las finanzas. Si un puesto de limosneo empieza a cotizarse a esos cruentos niveles, más vale no pensar en el valor que tendrá de aquí a poco un puesto de trabajo. (Suponiendo, claro está, que se cumplan los aciagos pronósticos de desempleo que algunos cenizos auguran tras la caída del imperio del ladrillo).Cierto es que no todos comparten esos temores a la crisis, la desaceleración, el fallo en el embrague financiero o como quiera llamársele. En realidad, el optimismo y el pesimismo se dividen a partes iguales entre la población. Los optimistas son aquellos que temen acabar rebuscando comida en los basureros si la situación se pone tan fea como dicen. Los pesimistas son los que se preguntan si habrá comida para todos entre la basura. Ambas hipótesis responden a la pura exageración, como es natural. No obstante, hay datos que invitan a considerar la posibilidad de que la ruina -antes patrimonio de los ricos- se esté democratizando. La bancarrota, que tradicionalmente fue un privilegio exclusivo de las empresas, se ha puesto ahora al alcance de las familias y particulares en general, aunque el derecho a arruinarse no figure entre los reconocidos por la Constitución. Da fe de ello el Instituto Nacional de Estadística, que en su último arqueo contable calcula que se ha triplicado el número de familias españolas en quiebra o suspensión de pagos (ahora llamada "concurso de acreedores"). Bien es verdad que la cifra total de 66 arruinados durante el primer trimestre parece pequeña y hasta irrisoria; pero ya se sabe que todo lo malo tiende a empeorar exponencialmente según las implacables leyes de Murphy. Coser y quebrar, todo es empezar. No es esa, por fortuna, la percepción de los gallegos que -en esta como en tantas otras cuestiones- tendemos a ir a la contra. Aunque un cuarenta por ciento de los encuestados por la Xunta ve con pesimismo la situación económica, sólo uno de cada cinco confiesa que a su bolsillo particular le vayan "mal" las cosas. Bien al contrario, el ochenta por ciento considera que el estado de sus finanzas domésticas es "bueno" o como mucho "regular". Se conoce que en esto seguimos la célebre teoría de Ronald Reagan según la cual: "Una crisis es cuando tu vecino se queda sin empleo y una recesión cuando eres tú el que se queda en paro". Está claro que, al menos de momento, la crisis en Galicia es cosa del vecino. Algo parecido podría decirse de España en general, aunque en este caso no dispongamos de encuestas tan detalladas. Basta oler el humo de los miles de toneladas de carburante a 200 pesetas el litro que los españoles quemaron para atravesar el puente sobre las aguas laborales del Primero de Mayo y fácil será deducir que aquí nadie levanta el pie del acelerador del consumo. Motivos no le faltan, por tanto, al Gobierno, para negar que en España haya crisis o siquiera esa "desaceleración" de la que hablan con inmodestia Zapatero y sus ministros.Aun así, casos como el de ese mendigo de Valencia que apuñaló a un competidor para hacerse con su tienda de limosnas debieran invitar a la meditación. Cuando la competencia alcanza niveles tan extremos incluso en el gremio marginal de los mendicantes, mucho es de temer que la desaceleración se esté acelerando más de lo que las apariencias sugieren. Y lo mismo se nos para el coche.
FARO DE VIGO 6 de mayo de 2008
Por Anxel Vence
Juzgan estos días en Valencia a un mendigo acusado de ultimar a otro de una cuchillada para arrebatarle el puesto en el que pedía limosna a la puerta de una iglesia. Anécdotas como estas ilustran mucho mejor que las grandes cifras de la macroeconomía el verdadero alcance de la crisis que está llegando. Ya no sólo son poderosas multinacionales las que se pelean por quitarle cuota de mercado a la competencia. También han empezado a hacerlo -y con el mismo instinto homicida, por lo que se ve- los pedigüeños que acaso representen el más modesto escalón de la economía y las finanzas. Si un puesto de limosneo empieza a cotizarse a esos cruentos niveles, más vale no pensar en el valor que tendrá de aquí a poco un puesto de trabajo. (Suponiendo, claro está, que se cumplan los aciagos pronósticos de desempleo que algunos cenizos auguran tras la caída del imperio del ladrillo).Cierto es que no todos comparten esos temores a la crisis, la desaceleración, el fallo en el embrague financiero o como quiera llamársele. En realidad, el optimismo y el pesimismo se dividen a partes iguales entre la población. Los optimistas son aquellos que temen acabar rebuscando comida en los basureros si la situación se pone tan fea como dicen. Los pesimistas son los que se preguntan si habrá comida para todos entre la basura. Ambas hipótesis responden a la pura exageración, como es natural. No obstante, hay datos que invitan a considerar la posibilidad de que la ruina -antes patrimonio de los ricos- se esté democratizando. La bancarrota, que tradicionalmente fue un privilegio exclusivo de las empresas, se ha puesto ahora al alcance de las familias y particulares en general, aunque el derecho a arruinarse no figure entre los reconocidos por la Constitución. Da fe de ello el Instituto Nacional de Estadística, que en su último arqueo contable calcula que se ha triplicado el número de familias españolas en quiebra o suspensión de pagos (ahora llamada "concurso de acreedores"). Bien es verdad que la cifra total de 66 arruinados durante el primer trimestre parece pequeña y hasta irrisoria; pero ya se sabe que todo lo malo tiende a empeorar exponencialmente según las implacables leyes de Murphy. Coser y quebrar, todo es empezar. No es esa, por fortuna, la percepción de los gallegos que -en esta como en tantas otras cuestiones- tendemos a ir a la contra. Aunque un cuarenta por ciento de los encuestados por la Xunta ve con pesimismo la situación económica, sólo uno de cada cinco confiesa que a su bolsillo particular le vayan "mal" las cosas. Bien al contrario, el ochenta por ciento considera que el estado de sus finanzas domésticas es "bueno" o como mucho "regular". Se conoce que en esto seguimos la célebre teoría de Ronald Reagan según la cual: "Una crisis es cuando tu vecino se queda sin empleo y una recesión cuando eres tú el que se queda en paro". Está claro que, al menos de momento, la crisis en Galicia es cosa del vecino. Algo parecido podría decirse de España en general, aunque en este caso no dispongamos de encuestas tan detalladas. Basta oler el humo de los miles de toneladas de carburante a 200 pesetas el litro que los españoles quemaron para atravesar el puente sobre las aguas laborales del Primero de Mayo y fácil será deducir que aquí nadie levanta el pie del acelerador del consumo. Motivos no le faltan, por tanto, al Gobierno, para negar que en España haya crisis o siquiera esa "desaceleración" de la que hablan con inmodestia Zapatero y sus ministros.Aun así, casos como el de ese mendigo de Valencia que apuñaló a un competidor para hacerse con su tienda de limosnas debieran invitar a la meditación. Cuando la competencia alcanza niveles tan extremos incluso en el gremio marginal de los mendicantes, mucho es de temer que la desaceleración se esté acelerando más de lo que las apariencias sugieren. Y lo mismo se nos para el coche.
anxel@arrakis.es
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martes, mayo 06, 2008
LAS RANDAS DEL PERFUME
Desde luego llama más la atención el caso de un cómico fuera de sí e interesa al punto de lograr minutos en los telediarios, al igual que los políticos con “tronío” encuentran nuevas plataformas de oración en los espacios “rosa” de la tele. Ocurría la semana pasada al igual que sucede todos los días en las calles lo que enseguida referiré. Porque, sí, acontece algo extraordinario, lo que otrora fue fantástico y hoy es cosa perfectamente comprensible. El caso es que, muchos estuvimos convencidos de la rarísima estampa a la que dieron lugar presentadores y presentadoras de los informativos en televisión. Creíamos que eran individuos, hombres y mujeres de una constitución especial: digamos que mutantes. Seres en simbiosis con la máquina, bustos parlantes según los que acuñaron el dicho. Luego, a la vez que iban levantándose del sitial en los estudios para enterarnos de alguna nueva, comprobamos la normalidad de su aspecto. Una forma de presentarse idéntica a la de los chóferes de autobús urbano. Ahora que un trabajador sustituye al hasta ese momento de turno- siempre a la hora de los relevos- sabemos que nunca fueron el centauro alimentado por hidrocarburos que hubiéramos jurado al volante de cada uno de esos mastodontes que cargan, llevan y traen ciudadanos repartiéndolos por todas partes de la urbe. Pero seguro que éramos más de dos los que imaginábamos yo que sé qué cosas al realizarse el reemplazo laboral que corresponde después de cada ronda en las cocheras de la empresa concesionaria, cuando era allí el lugar de tales operaciones… Pues bien, son tipos, también hombres y mujeres, hechos y derechos, concluidas y sin mácula, como cualquier otro hijo de vecino. Viajando a las horas oportunas se ve: arriban a los coches de servicio una vez han aguardado ante las marquesinas más insospechadas. Son multitud, lucen sus uniformes perfectamente planchados y tienen dos piernas, pubis, y glúteos más o menos voluminosos. Lo son, las “choferesas” también, con barriga, celulitis, luenga melena o escasa trama pilosa. E igual que ellas, salvo en lo profesional y las intenciones, las randas del perfume, rateras especializadas en el uso de pulverizadores de fragancias para perpetrar sus crímenes: hembras dotadas de lo que hay que tener como ser humano femenino sólo diferenciadas de las demás en su ánimo delictivo y su gusto por la desmesura a la hora de emplear aromas que acentúen sus encantos. Precisamente es esta facultad, atributo al que algunos llamarían extravagancia, la que las habilita para conseguir sin resistencia todo lo que de valor esté en esos instantes en poder de sus víctimas. Ellas, como usuarias de substancias que impregnan el ambiente de poderosísimos olores, aguantan sin problemas el exceso a la hora de vaporizar, por ejemplo, un producto que huela a rosas. Entonces, proceden con sigilo y aprovechan una de esas paradas, de las de relevo, que se demoran más allá de lo que supone la subida y bajada de viajeros, para obrar en su beneficio: sacan del bolso el aerosol secreto y ya no hay quien permanezca consciente. Y todo porque huele muy bien, demasiado… Es verdad que hay algunas mujeres que aguantan el envite y quedan solamente medio desvanecidas, pero, tal vez apuradas en su debilidad, optan por solidarizarse con la malhechora. Sobre todo al comprobar que, apercibida ésta de la falta de efectos en sus personas, vale más conducirse con ellas de una manera distinta: aunque solo sea para recompensa de todas... Yo aún no he sido víctima de una de esas damas tan peligrosas en los transportes públicos. Sin embargo, es cierto que, al entrar en el ascensor de la finca en la que vivo, ya en más de una ocasión, retengo el aire en mis pulmones y aguanto la respiración porque, al acceder a la escalera, la vaharada de uno de esos embriagadores perfumes a metros cúbicos diseminado puede originar en quien lo sufra descalabro sin paliativos a la voz de ya. Ya, ni siquiera en la propia casa puede estar ya uno seguro.
randa.
(Etim. disc.).
1. m. coloq. Ratero, granuja.
2. f. Guarnición de encaje con que se adornan los vestidos, la ropa blanca y otras cosas.
3. f. Encaje de bolillos.
4. f. Mar. Cabo con el que se aferra o se toman rizos a una vela
randa.
(Etim. disc.).
1. m. coloq. Ratero, granuja.
2. f. Guarnición de encaje con que se adornan los vestidos, la ropa blanca y otras cosas.
3. f. Encaje de bolillos.
4. f. Mar. Cabo con el que se aferra o se toman rizos a una vela
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MI COLUMNA
lunes, mayo 05, 2008
HISTORIA DE UN MALENTENDIDO
Efectivamente, cuando deja a un lado su sesgo político, Millás es el verdadero Millás y hay que reconocerselo...
HISTORIA DE UN MALENTENDIDO
FARO DE VIGO 4 de mayo de 2008
Por Juan José Millás
En los cines, cuando termina la película, suelo quedarme un rato, para ver los títulos de crédito mientras suena la banda sonora del film. La mayoría de la gente se va. Es lógico: no le interesa el nombre de la persona que se ocupó del vestuario ni el del segundo operador ni el de la maquilladora... Cada vez interviene más gente en las películas. Por eso los créditos se ponen ahora, al contrario que cuando yo era joven, al final. Si quieres verlos te quedas; si no, te vas. Yo me quedo porque esos instantes me permiten asentar la película, tanto si me ha gustado como si no, en el lugar de la conciencia desde el que más tarde la regurgitaré para rumiarla. También me quedo por respeto al sinfín de operarios que han participado en ella y que aparecen en una letra pequeña y veloz. Imagino que uno de esos operarios es hijo mío. Cada uno tiene sus manías.Mientras yo permanezco sentado, todo el mundo a mi alrededor se levanta y comienza a salir en medio de la oscuridad de la sala. A veces observo sus perfiles. Hace cosa de un año, me pareció distinguir entre esos perfiles el rostro de mis padres, cosa improbable, no ya porque estén muertos, sino porque iban poco al cine. Desde aquel día, indefectiblemente, los veo salir de los cines a los que voy. En cierta ocasión los seguí, pero al cruzar las puerta de la sala se convirtieron en los padres de cualquiera. El caso es que ya no voy al cine para ver películas, sino para ver a mis padres. Apenas comienzan a proyectarse los títulos de crédito, dos personas mayores -papá y mamá- aparecen en el pasillo dirigiéndose hacia la salida. Si es invierno, mamá lleva un chaquetón oscuro que le duró muchos años (como duraba la ropa entonces). Papá sale poniéndose el abrigo gris de toda la vida, en un gesto que era muy suyo y que ahora es muy mío, pues me quito y me pongo el abrigo con movimientos idénticos a los suyos.Aunque me he acostumbrado a esta alucinación, siempre me sorprende, siempre la espero con ansiedad. En ocasiones, intento descubrirlos en las butacas de los alrededores, mientras pasan la película, pero lo cierto es que sólo se materializan en esos instantes finales. Siempre marchándose, papa delante de mamá. A veces, él la toma del brazo en un gesto de cortesía, como para indicarle el camino. A veces ella se vuelve y mueve brevemente los labios, como si le preguntara qué le ha parecido la película. Yo los espío desde la butaca, mientras por la pantalla desfila un número infinito de nombres de los que nada sé.Se lo comenté a mi psicoanalista. Le dije que desde hacía un año veía a mis padres salir del cine y me preguntó si me molestaba. Molestarme no, contesté, pero me inquieta un poco; me pregunto si querrán decirme algo que no sé interpretar. Tal vez, dijo ella, intenta usted decirse a sí mismo algo que no sabe interpretar. No saqué nada en claro, pero esa noche soñé con mi padre. Me lo encontraba en una gasolinera, mientras yo ponía gasolina a mi coche y él ponía gasolina a su moto. Me acerqué, nos dimos un beso y le pregunté por qué iban a los mismos cines que yo, y a la misma hora. Me preguntó lo mismo que mi psicoanalista: que si me molestaba que viéramos las mismas películas. Le dije que en cierto modo sí. Ya no puedo ir al cine tranquilo, añadí, porque estoy más pendiente de vuestra presencia que de la pantalla. Se lo diré a tu madre, dijo, mientras cerraba el depósito de la moto con gesto de cansancio.El siguiente sábado no aparecieron. Esperé hasta que terminaron de desfilar todos los títulos de crédito y se encendieron las luces de la sala, pero no los vi. Salí a la calle un poco triste. Imaginaba a papá diciéndole a mamá que habíamos coincidido en una gasolinera y que yo le había pedido que no fueran a los mismos cines que yo. Podía ver a mamá enfadándose. Pues si tanto le molesta vernos -habría dicho-, se acabó. Y se acabó de verdad, porque tampoco aparecieron al siguiente sábado, ni al otro ni al de después. La alucinación, en el caso de que se tratara de una alucinación, me abandonó. Le conté lo ocurrido a mi psicoanalista y me pidió que fuera yo mismo el que intentara interpretar aquellos hechos. Le di muchas vueltas sin alcanzar ninguna conclusión, pero lo cierto es que la historia me dejó en el pecho una suerte de congoja, de pena, que se ha quedado ahí, como un catarro mal curado. Siempre que pongo gasolina, observo a la gente de los otros surtidores, por si apareciera mi padre con su moto, para hablar con él y deshacer el malentendido. Pero es imposible, claro.
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NARRACIONES CON NOMBRE PROPIO.
domingo, mayo 04, 2008
MINISTERIO DE INNOVACIÓN Y TRABAJO
Es difícil entender parte de la actual crisis económica prescindiendo de la evidencia: la construcción ha supuesto durante los últimos años el motor único del sistema y a su desenfrenada pulsión se debe la alegría financiera hasta escasas fechas disfrutada. Ahora, las vacas flacas aparecen en las cuatro esquinas del centro de las urbes- que ya pululan por sí mismas y sin invitación por otros circuitos- síntoma de una sucesión indeseada de acontecimientos cuyo rechazo exigen toma de conciencia y acción urgentes: tal vez sea el momento de ir aplicando el ingenio si lo que deseamos es evitar los efectos de un periodo aciago conforme al diagnóstico de los expertos, obrar sin descanso para eludir los riesgos de quiebra que trae aparejada una oportunidad así. Precisamente en el sector servicios, mientras no se arbitren soluciones industriales y de investigación, se dan las condiciones objetivas a fin de propiciar la anhelada satisfacción del equilibrio entre ingresos y gastos. Estimo pues, que, vale la propia iniciativa, o el reciclaje, en ese campo de lo laboral donde se ofertan tareas que debieran ser parte de las que pertenecen a terceros o sirven para elevar la calidad de vida del individuo, como instrumento novedoso gracias al cual salir adelante. Yo diría, incluso, que, en el recién creado Ministerio de Innovación, se preocupan ya de disponer lo que proceda pensando en alentar y proteger todos estos ilusionantes bríos. Y lo digo así porque las he visto… No a las ministras que son multitud como antes fueron multitud los ministros, no. Hablo de ellas, jovencísimas muchachas, estudiantes en edad adolescente capaces de compatibilizar sus estudios con la dedicación profesional al mundo de la judicatura… Sí, han leído bien. Se las distingue enseguida y nada la Administración puede respaldar sus actividades. Permanecen tranquilas, sentadas sobre los bancos que forman parte del mobiliario habilitado para esperar a los autobuses urbanos y sin otra componenda que no sea la de corresponder fielmente a la encomienda aceptada: valoran el atractivo de muchachos, hombres hechos y varones maduros, en ese momento transitando por las calles. Deciden, con arreglo a unas tablas cuyos índices de apreciación tienen su origen en el mundo de las pasarelas, quienes son acreedores del laurel y la gloria como especimenes vivos y ciudadanos cabales incontestablemente hermosos. Los datos que reúnen forman parte de una base de datos recabada a través del teléfono móvil y sirven para confeccionar la lista de los tipos más agraciados en lo que se refiere a la exposición de sus propias carnes y al beneficio social que entraña su sola presencia de entre los que luego nutrirán los locales de ocio, en especial bares de copas y discotecas, de las ciudades. Así, todo el mundo conocerá quien es y como el orden de los más guapos y sabrá a qué atenerse a la hora de entablar cualquier relación. Se fomenta un principio de jerarquía en lo tocante al dominio común de los mortales, ese ingente número de personas que forma parte de lo que queda al margen de la fama o el estrellato, para que se amortigüen las diferencias aún hoy existentes cuando llega la hora del ocio afectivo sexual. Es el principio de cada oveja con su pareja, cada mochuelo a su olivo y cada uno en su casa y Dios en la de todos. Ya no habrá altercados resueltos a punta de navaja porque dos discutan por la misma mujer en cuanto la buena y graciosa moza de turno se ponga a tiro. Ellas se verán cortejadas por quien mereció el puesto que en ese momento detenten, siempre según se vayan descartando los “inmarcesiblemente apolíneos” del fin de semana. Es decir, las posiciones no son vitalicias y cuenta mucho la disposición y el cuidado que tenga uno durante las actividades de entre semana para lograr el trono de la belleza popular. Y que nadie se escandalice. Es lógico que pasos como este se den en sociedades modernas y en las que cundió triunfalmente el axioma, tanto tienes y así pareces, tanto vales. Seguro que, muy pronto, otras prácticas de cariz parecido se ponen en marcha al servicio del ciudadano medio. Y si no, allá películas.
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