miércoles, junio 03, 2009

TERNURA, ¿ALGO MÁS QUE UNA PALABRA HERMOSA?


Escribí acerca de la ternura, justo después de experimentar un episodio compartido de la misma. Luego mostré el resultado y, además del premio que supone saberse leído, recibí opiniones y comentarios, algunos de los cuales dan sentido a este nuevo envite… El caso es que, atribuimos valores a las palabras, la mayoría de las veces, conforme al significado de las mismas. Por eso GUERRA será una fea palabra y AHOGO y LOCURA, por ejemplo. Y, ¿las bellas? ROSA, FAMILIA, AMOR, TERNURA, LIBERTAD, SALUD… Ahora bien, ¿qué importancia tienen las palabras, las buenas y las malas, las hermosas o sus antagonistas, si no vienen refrendadas por los actos a los que dan lugar? Mi amigo Hipólito Calle, magnífico actor manchego, dramaturgo y prosista, lo dejó dicho un día: “las palabras mienten”. Y, claro, las palabras no son verdad cuando, vacías de contenido se usan para obrar simulada y egoístamente. No son verdad si se emplean para nombrar algo que carece de equivalencia con el bien o valor que designan. No son ciertas si es un fraude lo que se persigue con ellas. Entonces esas maravillosas palabras, sagradas, enormes, perfectas, mueren. Sin embargo, las palabras bastante tienen con ser palabras. Somos los que las utilizamos de viva voz o por escrito, quienes certificamos la vigencia de su contenido. Y lo hacemos cuando somos coherentes, leales y estamos pendientes de actuar a la par de lo enunciado, sea cuando fuere que acontece la ocasión. Por eso, ternura es una palabra hermosa o fea, verdad o mentira, dependiendo de la fidelidad de la que seamos capaces a la hora de revestirnos con sus ecos. No mienten las palabras, mentimos los seres humanos, hablantes y tantas veces equivocados. Humanos que si han de salvarse y salvar al mundo harán bien en proponerse a sí mismos y a los demás con un buen acopio de tiempo para la ternura. La humanidad puede, no sé si quiere ni si antepondrá muchos otros intereses, no sólo a la ternura, sino a tantas cosas que proclama para olvidarlas tan pronto esas vibraciones dejan de notarse a través del aire. Puede, pero el homo sapiens reúne siglos de calamidad y deterioro éticos y morales, y, ahora mismo, a mi juicio, necesitaría un esfuerzo para lograr el sesgo de regeneración que se anhela y se manifiesta aún inapreciable si es que ha de surgir como el Sol por la línea del horizonte. Confío antes bien en el dominio de las pequeñas batallas, esa suerte de combate, de dinamismo, cuyo principal efecto es la contaminación. Si logramos propagar medidas de ternura, o de aquellos bienes que consideramos principales e indispensables, entre los más cercanos y queridos, a fin de establecer lo contrario de lo que supone ser flor de un día, entonces podremos decir que la vida valió la pena… ¿O no?

1 comentario:

José Patricio Chamorro Jara dijo...

Hola, me gustó mucho lo que escribiste y por ello mis más sinceras felicitaciones =)

En torno a lo que planteas, concuerdo bastante contigo, puesto que en primer lugar las palabras en sí están revestidas de gran significación, algunas con matices aterciopelados, otras más tenues, pero no por ello carecen de potencia y significado. No obstante, existen palabras cuyo valor negativo se denota apenas se escuchan o se leen, pero ellas en sí son buenas, pero quienes le otorgamos aquel sentimiento somos nosotros los seres humanos. Es así que a la hora de efectuar o expresar nuestros sentimientos a través de las palabras, es menester manifestarlas con plena coherencia en los actos, vale decir, debemos llevar a la práctica lo que pregonamos. Ésta es una de las formas en que podemos aportar al mundo.