domingo, julio 02, 2006

LLANTOS SIN FUNDAMENTO

Unos lloran porque los representantes de sus países en Alemania para disputar la Copa del Mundo de Fútbol, han sido eliminados. Otros se quejan de la “amenaza” que se cierne sobre ellos, como conductores, a causa de la entrada en vigor del CARNET DE CONDUCIR POR PUNTOS. Los primeros viven como una tragedia sin consuelo posible la derrota de once hombres que disputan un balón con otros once hombres, en este caso vestidos conforme a los colores de un estado. Sufren cual si les hubieran arrancado algo importantísimo y a fe mía que debe serlo. ¿Por qué? Porque no de otro modo pueden entenderse las muestras de dolor que los partidarios de unos u otros equipos hacen en público. Un quebranto directamente proporcional al alborozo triunfante del que hacen gala aquellos que aclamaron a la “tropa” vencedora. Para muchos, la asombrosa movilización de miles y miles de personas que, sin embargo, ante tantas cosas diarias que merecen festejo y, sobre todo, muestras de indignación y de tristeza, obran con notoria indiferencia. Son los mismos que, sin necesidad de que nadie les convoque o se preocupe de organizarlos, usan uniformes y se pintan los rostros para que se sepa de qué lado están, actitud que también podrían tener como simples ciudadanos que tienen inquietudes y se sienten aludidos por los asuntos que se dirimen en el día a día de la vida... No ha sido el mismo empaque de esos otros “plañideros y plañideras” que se dan golpes de pecho al comprobar que, si continúan saltándose las normas de conducción como suelen, perderán puntos hasta ser despojados del permiso de conducir y, tras un tiempo determinado, si desean recobrar su derecho, habrán de realizar un curso de reeducación y una prueba examen que les costará un dinerito. Para estos imprudentes llorones y dados a campar por sus respetos, toda infracción es un hecho de no demasiada importancia al que, en la mayoría de los casos, se han visto obligados y del que tiene la culpa el estado de la carretera, la manía que les tiene la autoridad o el vecino. Desde luego, lo que parece claro es que el automovilista que circula de acuerdo a las normas de tráfico y extremando la moderación al volante nada debe temer. Si se quejan es que algo temen y si temen es porque habitualmente se ponen y ponen a los demás en riesgo. De modo que unos hacen de la suerte en un lance de noventa minutos vivencia capital que produce tremendas alegrías o llantos torrenciales y otros gimen porque se lo van a poner más difícil para que sigan haciendo los que les dé la gana por las carreteras. Unos laten para bien o para mal en lo pueril y otros pícaros como poco claman por tiempos mejores a pesar de lo sangrientas que son las carreteras a las que salen cada jornada. Otro mísero retrato de la sociedad.

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