Decir que Ray Bradbury es un escritor de ciencia ficción y fantasía es demasiado simple. Como muestra he aquí un trueno, uno que podría ser de los que desearíamos en este caluroso verano, como todos los veranos, pero de otra índole...
El ruido de un trueno
Ray Bradbury
El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad: SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.
Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio.
-¿Este safari garantiza que yo regrese vivo?
-No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. -Se volvió-. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta.
Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano.
-¡Infierno y condenación! -murmuró Eckels con la luz de la máquina en el rostro delgado-. Una verdadera máquina del tiempo. -Sacudió la cabeza-. Lo hace pensar a uno. Si la elección hubiera ido mal ayer, yo quizá estaría aquí huyendo de los resultados. Gracias a Dios ganó Keith. Será un buen presidente.
-Sí -dijo el hombre detrás del escritorio-. Tenemos suerte. Si Deutscher hubiese ganado, tendríamos la peor de las dictaduras. Es el antitodo, militarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llamó, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decían que si Deutscher era presidente, querían ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasiones, sino safaris. De todos modos, el presidente es Keith. Ahora su única preocupación es...
Eckels terminó la frase:
-Matar mi dinosaurio.
-Un Tyrannosaurus rex. El lagarto del Trueno, el más terrible monstruo de la historia. Firme este permiso. Si le pasa algo, no somos responsables. Estos dinosaurios son voraces.
Eckels enrojeció, enojado.
-¿Trata de asustarme?
-Francamente, sí. No queremos que vaya nadie que sienta pánico al primer tiro. El año pasado murieron seis jefes de safari y una docena de cazadores. Vamos a darle a usted la más extraordinaria emoción que un cazador pueda pretender. Lo enviaremos sesenta millones de años atrás para que disfrute de la mayor y más emocionante cacería de todos los tiempos. Su cheque está todavía aquí. Rómpalo.
El señor Eckels miró el cheque largo rato. Se le retorcían los dedos.
-Buena suerte -dijo el hombre detrás del mostrador-. El señor Travis está a su disposición.
Cruzaron el salón silenciosamente, llevando los fusiles, hacia la Máquina, hacia el metal plateado y la luz rugiente.
Primero un día y luego una noche y luego un día y luego una noche, y luego día-noche-día-noche-día. Una semana, un mes, un año, ¡una década! 2055, 2019, ¡1999! ¡1957! ¡Desaparecieron! La Máquina rugió. Se pusieron los cascos de oxígeno y probaron los intercomunicadores. Eckels se balanceaba en el asiento almohadillado, con el rostro pálido y duro. Sintió un temblor en los brazos y bajó los ojos y vio que sus manos apretaban el fusil. Había otros cuatro hombres en esa máquina. Travis, el jefe del safari, su asistente, Lesperance, y dos otros cazadores, Billings y Kramer. Se miraron unos a otros y los años llamearon alrededor.
-¿Estos fusiles pueden matar a un dinosaurio de un tiro? -se oyó decir a Eckels.
-Si da usted en el sitio preciso -dijo Travis por la radio del casco-. Algunos dinosaurios tienen dos cerebros, uno en la cabeza, otro en la columna espinal. No les tiraremos a éstos, y tendremos más probabilidades. Aciérteles con los dos primeros tiros a los ojos, si puede, cegándolo, y luego dispare al cerebro.
La máquina aulló. El tiempo era una película que corría hacia atrás. Pasaron soles, y luego diez millones de lunas.
-Dios santo -dijo Eckels-. Los cazadores de todos los tiempos nos envidiarían hoy. África al lado de esto parece Illinois.
El sol se detuvo en el cielo.
La niebla que había envuelto la Máquina se desvaneció. Se encontraban en los viejos tiempos, tiempos muy viejos en verdad, tres cazadores y dos jefes de safari con sus metálicos rifles azules en las rodillas.
-Cristo no ha nacido aún -dijo Travis-. Moisés no ha subido a la montaña a hablar con Dios. Las pirámides están todavía en la tierra, esperando. Recuerde que Alejandro, Julio César, Napoleón, Hitler... no han existido.
Los hombres asintieron con movimientos de cabeza.
-Eso -señaló el señor Travis- es la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y cinco años antes del presidente Keith.
Mostró un sendero de metal que se perdía en la vegetación salvaje, sobre pantanos humeantes, entre palmeras y helechos gigantescos.
-Y eso -dijo- es el Sendero, instalado por Safari en el Tiempo para su provecho. Flota a diez centímetros del suelo. No toca ni siquiera una brizna, una flor o un árbol. Es de un metal antigravitatorio. El propósito del Sendero es impedir que toque usted este mundo del pasado de algún modo. No se salga del Sendero. Repito. No se salga de él. ¡Por ningún motivo! Si se cae del Sendero hay una multa. Y no tire contra ningún animal que nosotros no aprobemos.
-¿Por qué? -preguntó Eckels. Estaban en la antigua selva. Unos pájaros lejanos gritaban en el viento, y había un olor de alquitrán y viejo mar salado, hierbas húmedas y flores de color de sangre.
-No queremos cambiar el futuro. Este mundo del pasado no es el nuestro. Al gobierno no le gusta que estemos aquí. Tenemos que dar mucho dinero para conservar nuestras franquicias. Una máquina del tiempo es un asunto delicado. Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un coleóptero, aun una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución de las especies.
-No me parece muy claro -dijo Eckels.
-Muy bien -continuó Travis-, digamos que accidentalmente matamos aquí un ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, ¿entiende?
-Entiendo.
-¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de posibles ratones!
-Bueno, ¿y eso qué? -inquirió Eckels.
-¿Eso qué? -gruñó suavemente Travis-. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus raíces. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billón de otros hombres no saldrán nunca de la matriz. Quizás Roma no se alce nunca sobre las siete colinas. Quizá Europa sea para siempre un bosque oscuro, y sólo crezca Asia saludable y prolífica. Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!
-Ya veo -dijo Eckels-. Ni siquiera debemos pisar la hierba.
-Correcto. Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quizá nuestra teoría esté equivocada. Quizá nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez sólo pueda cambiarse de modos muy sutiles. Quizá un ratón muerto aquí provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy cerca. ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede decir realmente que lo sabe? No nosotros. Nuestra teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta máquina, este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmósfera.
-¿Cómo sabemos qué animales podemos matar?
-Están marcados con pintura roja -dijo Travis-. Hoy, antes de nuestro viaje, enviamos aquí a Lesperance con la Máquina. Vino a esta Era particular y siguió a ciertos animales.
-¿Para estudiarlos?
-Exactamente -dijo Travis-. Los rastreó a lo largo de toda su existencia, observando cuáles vivían mucho tiempo. Muy pocos. Cuántas veces se acoplaban. Pocas. La vida es breve. Cuando encontraba alguno que iba a morir aplastado por un árbol u otro que se ahogaba en un pozo de alquitrán, anotaba la hora exacta, el minuto y el segundo, y le arrojaba una bomba de pintura que le manchaba de rojo el costado. No podemos equivocarnos. Luego midió nuestra llegada al pasado de modo que no nos encontremos con el monstruo más de dos minutos antes de aquella muerte. De este modo, sólo matamos animales sin futuro, que nunca volverán a acoplarse. ¿Comprende qué cuidadosos somos?
-Pero si ustedes vinieron esta mañana -dijo Eckels ansiosamente-, debían haberse encontrado con nosotros, nuestro safari. ¿Qué ocurrió? ¿Tuvimos éxito? ¿Salimos todos... vivos?
Travis y Lesperance se miraron.
-Eso hubiese sido una paradoja -habló Lesperance-. El tiempo no permite esas confusiones..., un hombre que se encuentra consigo mismo. Cuando va a ocurrir algo parecido, el tiempo se hace a un lado. Como un avión que cae en un pozo de aire. ¿Sintió usted ese salto de la Máquina, poco antes de nuestra llegada? Estábamos cruzándonos con nosotros mismos que volvíamos al futuro. No vimos nada. No hay modo de saber si esta expedición fue un éxito, si cazamos nuestro monstruo, o si todos nosotros, y usted, señor Eckels, salimos con vida.
Eckels sonrió débilmente.
-Dejemos esto -dijo Travis con brusquedad-. ¡Todos de pie! Se prepararon a dejar la Máquina. La jungla era alta y la jungla era ancha y la jungla era todo el mundo para siempre y para siempre. Sonidos como música y sonidos como lonas voladoras llenaban el aire: los pterodáctilos que volaban con cavernosas alas grises, murciélagos gigantescos nacidos del delirio de una noche febril. Eckels, guardando el equilibrio en el estrecho sendero, apuntó con su rifle, bromeando.
-¡No haga eso! -dijo Travis.- ¡No apunte ni siquiera en broma, maldita sea! Si se le dispara el arma...
Eckels enrojeció.
- ¿Dónde está nuestro Tyrannosaurus?
- Lesperance miró su reloj de pulsera.
-Adelante. Nos cruzaremos con él dentro de sesenta segundos. Busque la pintura roja, por Cristo. No dispare hasta que se lo digamos. Quédese en el Sendero. ¡Quédese en el Sendero!
Se adelantaron en el viento de la mañana.
-Qué raro -murmuró Eckels-. Allá delante, a sesenta millones de años, ha pasado el día de elección. Keith es presidente. Todos celebran. Y aquí, ellos no existen aún. Las cosas que nos preocuparon durante meses, toda una vida, no nacieron ni fueron pensadas aún.
-¡Levanten el seguro, todos! -ordenó Travis-. Usted dispare primero, Eckels. Luego, Billings. Luego, Kramer.
-He cazado tigres, jabalíes, búfalos, elefantes, pero esto, Jesús, esto es caza -comentó Eckels -. Tiemblo como un niño.
- Ah -dijo Travis.
-Todos se detuvieron.
Travis alzó una mano.
-Ahí adelante -susurró-. En la niebla. Ahí está Su Alteza Real.
La jungla era ancha y llena de gorjeos, crujidos, murmullos y suspiros. De pronto todo cesó, como si alguien hubiese cerrado una puerta.
Silencio.
El ruido de un trueno.
De la niebla, a cien metros de distancia, salió el Tyrannosaurus rex.
-Jesucristo -murmuró Eckels.
-¡Chist!
Venía a grandes trancos, sobre patas aceitadas y elásticas. Se alzaba diez metros por encima de la mitad de los árboles, un gran dios del mal, apretando las delicadas garras de relojero contra el oleoso pecho de reptil. Cada pata inferior era un pistón, quinientos kilos de huesos blancos, hundidos en gruesas cuerdas de músculos, encerrados en una vaina de piel centelleante y áspera, como la cota de malla de un guerrero terrible. Cada muslo era una tonelada de carne, marfil y acero. Y de la gran caja de aire del torso colgaban los dos brazos delicados, brazos con manos que podían alzar y examinar a los hombres como juguetes, mientras el cuello de serpiente se retorcía sobre sí mismo. Y la cabeza, una tonelada de piedra esculpida que se alzaba fácilmente hacia el cielo, En la boca entreabierta asomaba una cerca de dientes como dagas. Los ojos giraban en las órbitas, ojos vacíos, que nada expresaban, excepto hambre. Cerraba la boca en una mueca de muerte. Corría, y los huesos de la pelvis hacían a un lado árboles y arbustos, y los pies se hundían en la tierra dejando huellas de quince centímetros de profundidad. Corría como si diese unos deslizantes pasos de baile, demasiado erecto y en equilibrio para sus diez toneladas. Entró fatigadamente en el área de sol, y sus hermosas manos de reptil tantearon el aire.
-¡Dios mío! -Eckels torció la boca-. Puede incorporarse y alcanzar la luna.
-¡Chist! -Travis sacudió bruscamente la cabeza-. Todavía no nos vio.
-No es posible matarlo. -Eckels emitió con serenidad este veredicto, como si fuese indiscutible. Había visto la evidencia y ésta era su razonada opinión. El arma en sus manos parecía un rifle de aire comprimido-. Hemos sido unos locos. Esto es imposible.
-¡Cállese! -siseó Travis.
-Una pesadilla.
-Dé media vuelta -ordenó Travis-. Vaya tranquilamente hasta la máquina. Le devolveremos la mitad del dinero.
-No imaginé que sería tan grande -dijo Eckels-. Calculé mal. Eso es todo. Y ahora quiero irme.
-¡Nos vio!
-¡Ahí está la pintura roja en el pecho!
El Lagarto del Trueno se incorporó. Su armadura brilló como mil monedas verdes. Las monedas, embarradas, humeaban. En el barro se movían diminutos insectos, de modo que todo el cuerpo parecía retorcerse y ondular, aun cuando el monstruo mismo no se moviera. El monstruo resopló. Un hedor de carne cruda cruzó la jungla.
-Sáquenme de aquí -pidió Eckels-. Nunca fue como esta vez. Siempre supe que saldría vivo. Tuve buenos guías, buenos safaris, y protección. Esta vez me he equivocado. Me he encontrado con la horma de mi zapato, y lo admito. Esto es demasiado para mí.
-No corra -dijo Lesperance-. Vuélvase. Ocúltese en la Máquina. -Sí.
Eckels parecía aturdido. Se miró los pies como si tratara de moverlos. Lanzó un gruñido de desesperanza.
-¡Eckels!
Eckels dio unos pocos pasos, parpadeando, arrastrando los pies. -¡Por ahí no!
El monstruo, al advertir un movimiento, se lanzó hacia adelante con un grito terrible. En cuatro segundos cubrió cien metros. Los rifles se alzaron y llamearon. De la boca del monstruo salió un torbellino que los envolvió con un olor de barro y sangre vieja. El monstruo rugió con los dientes brillantes al sol.
Eckels, sin mirar atrás, caminó ciegamente hasta el borde del Sendero, con el rifle que le colgaba de los brazos. Salió del Sendero, y caminó, y caminó por la jungla. Los pies se le hundieron en un musgo verde. Lo llevaban las piernas, y se sintió solo y alejado de lo que ocurría atrás.
Los rifles dispararon otra vez. El ruido se perdió en chillidos y truenos. La gran palanca de la cola del reptil se alzó sacudiéndose. Los árboles estallaron en nubes de hojas y ramas. El monstruo retorció sus manos de joyero y las bajó como para acariciar a los hombres, para partirlos en dos, aplastarlos como cerezas, meterlos entre los dientes y en la rugiente garganta. Sus ojos de canto rodado bajaron a la altura de los hombres, que vieron sus propias imágenes. Dispararon sus armas contra las pestañas metálicas y los brillantes iris negros.
Como un ídolo de piedra, como el desprendimiento de una montaña, el Tyrannosaurus cayó. Con un trueno, se abrazó a unos árboles, los arrastró en su caída. Torció y quebró el Sendero de Metal. Los hombres retrocedieron alejándose. El cuerpo golpeó el suelo, diez toneladas de carne fría y piedra. Los rifles dispararon. El monstruo azotó el aire con su cola acorazada, retorció sus mandíbulas de serpiente, y ya no se movió. Una fuente de sangre le brotó de la garganta. En alguna parte, adentro, estalló un saco de fluidos. Unas bocanadas nauseabundas empaparon a los cazadores. Los hombres se quedaron mirándolo, rojos y resplandecientes.
El trueno se apagó.
La jungla estaba en silencio. Luego de la tormenta, una gran paz. Luego de la pesadilla, la mañana.
Billings y Kramer se sentaron en el sendero y vomitaron. Travis y Lesperance, de pie, sosteniendo aún los rifles humeantes, juraban continuamente.
En la Máquina del Tiempo, cara abajo, yacía Eckels, estremeciéndose. Había encontrado el camino de vuelta al Sendero y había subido a la Máquina. Travis se acercó, lanzó una ojeada a Eckels, sacó unos trozos de algodón de una caja metálica y volvió junto a los otros, sentados en el Sendero.
-Límpiense.
Limpiaron la sangre de los cascos. El monstruo yacía como una loma de carne sólida. En su interior uno podía oír los suspiros y murmullos a medida que morían las más lejanas de las cámaras, y los órganos dejaban de funcionar, y los líquidos corrían un último instante de un receptáculo a una cavidad, a una glándula, y todo se cerraba para siempre. Era como estar junto a una locomotora estropeada o una excavadora de vapor en el momento en que se abren las válvulas o se las cierra herméticamente. Los huesos crujían. La propia carne, perdido el equilibrio, cayó como peso muerto sobre los delicados antebrazos, quebrándolos.
Otro crujido. Allá arriba, la gigantesca rama de un árbol se rompió y cayó. Golpeó a la bestia muerta como algo final.
-Ahí está- Lesperance miró su reloj-. Justo a tiempo. Ese es el árbol gigantesco que originalmente debía caer y matar al animal.
Miró a los dos cazadores: ¿Quieren la fotografía trofeo?
-¿Qué?
-No podemos llevar un trofeo al futuro. El cuerpo tiene que quedarse aquí donde hubiese muerto originalmente, de modo que los insectos, los pájaros y las bacterias puedan vivir de él, como estaba previsto. Todo debe mantener su equilibrio. Dejamos el cuerpo. Pero podemos llevar una foto con ustedes al lado.
Los dos hombres trataron de pensar, pero al fin sacudieron la cabeza. Caminaron a lo largo del Sendero de metal. Se dejaron caer de modo cansino en los almohadones de la Máquina. Miraron otra vez el monstruo caído, el monte paralizado, donde unos raros pájaros reptiles y unos insectos dorados trabajaban ya en la humeante armadura.
Un sonido en el piso de la Máquina del Tiempo los endureció. Eckels estaba allí, temblando.
-Lo siento -dijo al fin.
-¡Levántese! -gritó Travis.
Eckels se levantó.
-¡Vaya por ese sendero, solo! -agregó Travis, apuntando con el rifle-. Usted no volverá a la Máquina. ¡Lo dejaremos aquí!
Lesperance tomó a Travis por el brazo. -Espera...
-¡No te metas en esto! -Travis se sacudió apartando la mano-. Este hijo de perra casi nos mata. Pero eso no es bastante. Diablo, no. ¡Sus zapatos! ¡Míralos! Salió del Sendero. ¡Dios mío, estamos arruinados Cristo sabe qué multa nos pondrán. ¡Decenas de miles de dólares! Garantizamos que nadie dejaría el Sendero. Y él lo dejó. ¡Oh, condenado tonto! Tendré que informar al gobierno. Pueden hasta quitarnos la licencia. ¡Dios sabe lo que le ha hecho al tiempo, a la Historia!
-Cálmate. Sólo pisó un poco de barro.
-¿Cómo podemos saberlo? -gritó Travis-. ¡No sabemos nada! ¡Es un condenado misterio! ¡Fuera de aquí, Eckels!
Eckels buscó en su chaqueta.
-Pagaré cualquier cosa. ¡Cien mil dólares!
Travis miró enojado la libreta de cheques de Eckels y escupió.
-Vaya allí. El monstruo está junto al Sendero. Métale los brazos hasta los codos en la boca, y vuelva.
-¡Eso no tiene sentido!
-El monstruo está muerto, cobarde bastardo. ¡Las balas! No podemos dejar aquí las balas. No pertenecen al pasado, pueden cambiar algo. Tome mi cuchillo. ¡Extráigalas!
La jungla estaba viva otra vez, con los viejos temblores y los gritos de los pájaros. Eckels se volvió lentamente a mirar al primitivo vaciadero de basura, la montaña de pesadillas y terror. Luego de un rato, como un sonámbulo, se fue, arrastrando los pies.
Regresó temblando cinco minutos más tarde, con los brazos empapados y rojos hasta los codos. Extendió las manos. En cada una había un montón de balas. Luego cayó. Se quedó allí, en el suelo, sin moverse.
-No había por qué obligarlo a eso - dijo Lesperance.
-¿No? Es demasiado pronto para saberlo. -Travis tocó con el pie el cuerpo inmóvil.
-Vivirá. La próxima vez no buscará cazas como ésta. Muy bien. -Le hizo una fatigada seña con el pulgar a Lesperance-. Enciende. Volvamos a casa. 1492. 1776. 1812.
Se limpiaron las caras y manos. Se cambiaron las camisas y pantalones. Eckels se había incorporado y se paseaba sin hablar. Travis lo miró furiosamente durante diez minutos.
-No me mire -gritó Eckels-. No hice nada.
-¿Quién puede decirlo?
-Salí del sendero, eso es todo; traje un poco de barro en los zapatos. ¿Qué quiere que haga? ¿Que me arrodille y rece?
-Quizá lo necesitemos. Se lo advierto, Eckels. Todavía puedo matarlo. Tengo listo el fusil.
-Soy inocente. ¡No he hecho nada!
1999, 2000, 2055.
La máquina se detuvo.
-Afuera -dijo Travis.
El cuarto estaba como lo habían dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo hombre estaba sentado detrás del mismo escritorio. Pero no exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio.
Travis miró alrededor con rapidez.
-¿Todo bien aquí? -estalló.
-Muy bien. ¡Bienvenidos!
Travis no se sintió tranquilo. Parecía estudiar hasta los átomos del aire, el modo como entraba la luz del sol por la única ventana alta.
-Muy bien, Eckels, puede salir. No vuelva nunca.
Eckels no se movió.
-¿No me ha oído? -dijo Travis-. ¿Qué mira?
Eckels olía el aire, y había algo en el aire, una sustancia química tan sutil, tan leve, que sólo el débil grito de sus sentidos subliminales le advertía que estaba allí. Los colores blanco, gris, azul, anaranjado, de las paredes, del mobiliario, del cielo más allá de la ventana, eran... eran... Y había una sensación. Se estremeció. Le temblaron las manos. Se quedó oliendo aquel elemento raro con todos los poros del cuerpo. En alguna parte alguien debía de estar tocando uno de esos silbatos que sólo pueden oír los perros. Su cuerpo respondió con un grito silencioso. Más allá de este cuarto, más allá de esta pared, más allá de este hombre que no era exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio..., se extendía todo un mundo de calles y gente. Qué suerte de mundo era ahora, no se podía saber. Podía sentirlos cómo se movían, más allá de los muros, casi, como piezas de ajedrez que arrastraban un viento seco...
Pero había algo más inmediato. El anuncio pintado en la pared de la oficina, el mismo anuncio que había leído aquel mismo día al entrar allí por vez primera.
De algún modo el anuncio había cambiado.
SEFARI EN EL TIEMPO. S. A. SEFARIS A KUALKUIER AÑO DEL PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS AYI. USTE LO MATA.
Eckels sintió que caía en una silla. Tanteó insensatamente el grueso barro de sus botas. Sacó un trozo, temblando.
-No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!
Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta.
-¡No algo tan pequeño! ¡No una mariposa! -gritó Eckels.
Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía?
Tenía el rostro helado. Preguntó, temblándole la boca:
- ¿Quién... quién ganó la elección presidencial ayer?
El hombre detrás del mostrador se rió.
-¿Se burla de mí? Lo sabe muy bien. ¡Deutscher, por supuesto! No ese condenado debilucho de Keith. Tenemos un hombre fuerte ahora, un hombre de agallas. ¡Sí, señor! -El oficial calló-. ¿Qué pasa?
Eckels gimió. Cayó de rodillas. Recogió la mariposa dorada con dedos temblorosos.
-¿No podríamos -se preguntó a sí mismo, le preguntó al mundo, a los oficiales, a la Máquina,- no podríamos llevarla allá, no podríamos hacerla vivir otra vez? ¿No podríamos empezar de nuevo? ¿No podríamos...?
No se movió. Con los ojos cerrados, esperó estremeciéndose. Oyó que Travis gritaba; oyó que Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y apuntaba.
El ruido de un trueno.
sábado, julio 22, 2006
viernes, julio 21, 2006
GEOGRAFÍA

Julio acaba o está acabándose. Malas noticias para los que empezaron a disfrutar vacaciones en este mes. No obstante, por gentiliza de nuestro muy preferido viñetista y eminencia del humor, Antonio Fraguas, El Forges, una lección de geografía que pudiera muy bien venir de perlas a los afectados por tanto bochorno...
miércoles, julio 19, 2006
CON FORGES TRAS LA VICTORIA
lunes, julio 17, 2006
RUMI ÑAHUI Y LA ACHIRANA DE ICA
Hace unos día incluí un fragmento de la Cantata del Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras de LES LUTHIERS a fin de ilustrar algo que deseaba decir. Y hoy, como pretexto para ofrecer a la parroquia lectora una leyenda que tiene que ver con los Incas, también como ración doble de literatura puesto que faltaré del sitio tres días de pecosa y levantina ociosidad, he aquí otro pasaje de la citada obra...
ERNESTO ACHER: Con mis fuerzas casi extintas a vasto imperio llegué. Puse pie en tierra de incas, o sea, hice hincapié.
MARCOS MUNDSTOCK: Y llega Rodrigo en día de fiesta. Ve galas, pendones, banderas, y cintas. Y una muchedumbre que hasta pavor da que colma el camino real de los incas que los nativos llamaban Avenida ...de los de acá.
Ernesto Acher: Y vi de pompa y boato como no vi en cortes nuestras. Sacerdotes, oficiantes, nobles, jefes, consejeros, y vi de tres mil guerreros que de poder daban muestras. Esclavos y servidores.. y unos diez mil extras.
Coro: Somos los incas
Carlos Núñez Cortés: Somos los incas un pueblo inca-nsable/ Nuestras riquezas son inca-lculables/ Abominamos de inca-utos e incapaces/ Pero nuestras canciones son todas inca-ntables...
Marcos Mundstock: La gala imponente del fastuo aborigen recuerda a Rodrigo su sino glorioso, el noble designio que al viaje dio origen. Y encarando al inca anuncia gozoso:
Ernesto Acher: ¡Artesanías, vasijas de barro, ponchos, mates, boleadores, todo a mitad de precio debería usted comprar...!
Marcos Mundstock: Rodrigo es prendido por doce nativos mas lucha, se zafa y proclama altivo:
Ernesto Acher: ¡Deteneos, ignorantes, atrasados! Desde hoy quedáis todos conquistados. ¡Mi honra está en juego y de aquí no me muevo!
Marcos Mundstock: Quinientas leguas al norte Rodrigo un tanto agitado, triste nota que los incas del cofre se han inca-utado. El cofre que fue en la huída olvidado, descuidado, digamos que fue en verdad tontamente abandonado...
Ernesto Acher: ¡Hombre habrase visto tamaña insolencia, tamaña desvergüenza!
Marcos Mundstock: Rodrigo vehemente injuria a los incas pues le han privado de sus propiedades.
Ernesto Acher: No hablo de los incas, me refiero a algunos que gozan contando mis intimidades y encima me insultan.
Marcos Mundstock: Pues no, yo no he sido.
Ernesto Acher: Sí, sí, yo le he oído. Usted dijo tonto...
Marcos Mundstock: ¡Dije tontamente!
Ernesto Acher: Bueno, parecido
Marcos Mundstock: Parecido no es lo mismo, caballero.
Ernesto Acher: Es que usted está diciendo falsedades.
Marcos Mundstock: Usted exagera.
Ernesto Acher: ¡Reclamo mis fueros!
Marcos Mundstock: ¡Me atengo a la historia!
Ernesto Acher: ¡Mentiras!
Marcos Mundstock: ¡Verdades! Y yo no discuto con aventureros.
Ernesto Acher: Y yo no discuto con aficionades.
Marcos Mundstock: Dirá usted aficionados.
Ernesto Acher: La rima es lo que me inspira. Yo he dicho aficionades en lugar de aficionados porque usted dijo verdades.
Marcos Mundstock: ¡Con que yo dije verdades! ¡Luego usted dijo mentiras!
Ernesto Acher: ¡Terco y duro como una pared!
Marcos Mundstock: ¿Y eso con qué rima?
Ernesto Acher: ¡Con usted, hombre, con usted!
Lo mejor, por supuesto, es escucharles y si hay ocasión acudir a uno de sus recitales. Mientras, no obstante y conforme a lo prometido, la leyenda...
RUMI ÑAHUI Y LA ACHIRANA DE ICA
Esta muy popular historia sucedió en el año 1412, cuando él poderoso Inca Pachacutec - con un magnifico sequito y un numeroso ejercito - llega al fértil valle de Ica con el propósito de anexarlo al imperio del Tawantinsuyo, por la razón o la fuerza.
No hubo ninguna resistencia, por que los inteligentes, pacíficos y laboriosos habitantes de la región decidieron que era inútil enfrentarse a 40,000 hombres perfectamente entrenados para la guerra.
En la ceremonia de celebración de la paz, sucedió “el encuentro” eje principal de esta historia, el maduro y poderoso Inca diviso a una hermosísima doncella, muy joven, cuya principal característica era una abundante y larga cabellera que lucia suelta al viento, el inca demando de inmediato su presencia.
Como era la costumbre, Pachacutec pensó que la doncella se rendiría presta y feliz a sus requerimientos amorosos, el sabía por larga experiencia que no existía ninguna gloria tan especial para una mujer, soltera o casada, que él haber recibido los favores del Inca.
Cuando la joven campesina entró en la habitación del monarca, había sido preparada especialmente para la ocasión, vestía una hermosa y transparente túnica roja y lucia en su impresionante cabellera una diadema de flores de mil colores diferentes, estaba realmente diáfana y espléndida.
El Inca notó de inmediato un relámpago en los ojos de la hermosa Rumi Ñahui, quien desafiante pero con respeto, le dijo: “Poderoso señor, te agradezco el favor que le haces a mi familia y a mí, al haberme elegido para amarte y te corresponderé como es debido... Pero... mi corazón no puede latir por ti, por que no lo tengo, hace algún tiempo un joven campesino me lo robó y mientras miraba fijamente al soberano fue soltando lentamente las amarras que tenia la túnica en los hombros, gruesas lagrimas rodaban por sus mejillas, no solo había quedado desnudo su cuerpo sino también su alma.
Pachacutec, quedo impresionado con la sinceridad y ternura de ese hermoso rostro, tomando entre sus manos las de la joven le dijo: “Queda en paz, princesa de este lugar y que nunca la niebla del dolor tienda su velo sobre el cielo de tu alma, pídeme alguna merced que, a ti y a los tuyos, haga recordar siempre la admiración que me inspirarte”.
Señor, le respondió la joven mientras se vestía, nada debo pedirte, que quien favores personales recibe obligada queda, al respetarme me has hecho enteramente feliz, no quiero nada más...
Pero si te satisface la gratitud de mi pueblo, ruégote que des agua a este valle, siembra beneficios y tendrás cosecha de bendiciones. Reina, señor, sobre corazones agradecidos mas que sobre hombres que, temerosos, se inclinan ante ti, deslumbrados por tu esplendor y poder.
Inteligente y bella eres, doncella de la negra cabellera, y así me cautivas con tu palabra como con el fuego de tu mirada, solo espera unos días, y verás realizado lo que pides y por supuesto nunca te olvides de tu rey y depositó un suave y paternal beso en la frente de la muchacha.
Solo unos días después de este incidente, estaba listo el canal de regadío más importante del tiempo de los Incas y por expresa indicación del Inca debía llamarse Achirana, que significa... “lo que corre limpiamente hacia lo que es hermoso”.
Cuando Rumi Ñahui, fue en busca de su amado para transmitirle la buena nueva, le informaron en el pueblo, que esa misma noche se había marchado sin decir donde y sin llevarse absolutamente nada. La joven doncella pensó... ¡ya regresara y sabrá que mi corazón nunca será de otro hombre sino de él,... y simplemente se sentó a esperar su retorno, al comienzo del canal en el pago de Tate.
Pasaron los días, los meses y los años y el útil canal transporto las aguas del progreso y de la vida a la agricultura de la región, cuenta la historia que la joven doncella espero por veinte años el regreso de su amado, que nunca supo del real sacrificio de la joven doncella.
A su muerte y como un monumental tributo de agradecimiento a Rumi Ñahui los lugareños tallaron una enorme roca que colocaron al inicio de la Achirana del Inca, el tiempo completó su obra al hacer flamear, hasta nuestros días, su cabellera al viento. Cuando me contaron esta historia tuve una gran curiosidad por ver el monumento a esta muy especial mujer, en 1984 se presentó la oportunidad de ir a la zona del canal en Ica y desde un mirador natural pude divisar a la distancia en forma nítida la inconfundible y hermosa silueta de Rumi Ñahui y lo mejor de ese muy especial momento fue que la perfumada brisa de esa tarde de primavera me trajo desde el pasado una singular misiva de fortaleza y fe de un pueblo generoso que se quedo grabado en el centro mismo de mi corazón.
Recopilación e interpretación Ing. Jaime Ariansen Céspedes. Profesor de Historia de la Gastronomí´.
http://www.historiacocina.com/dietas/articulos/peru/rumi.html
ERNESTO ACHER: Con mis fuerzas casi extintas a vasto imperio llegué. Puse pie en tierra de incas, o sea, hice hincapié.
MARCOS MUNDSTOCK: Y llega Rodrigo en día de fiesta. Ve galas, pendones, banderas, y cintas. Y una muchedumbre que hasta pavor da que colma el camino real de los incas que los nativos llamaban Avenida ...de los de acá.
Ernesto Acher: Y vi de pompa y boato como no vi en cortes nuestras. Sacerdotes, oficiantes, nobles, jefes, consejeros, y vi de tres mil guerreros que de poder daban muestras. Esclavos y servidores.. y unos diez mil extras.
Coro: Somos los incas
Carlos Núñez Cortés: Somos los incas un pueblo inca-nsable/ Nuestras riquezas son inca-lculables/ Abominamos de inca-utos e incapaces/ Pero nuestras canciones son todas inca-ntables...
Marcos Mundstock: La gala imponente del fastuo aborigen recuerda a Rodrigo su sino glorioso, el noble designio que al viaje dio origen. Y encarando al inca anuncia gozoso:
Ernesto Acher: ¡Artesanías, vasijas de barro, ponchos, mates, boleadores, todo a mitad de precio debería usted comprar...!
Marcos Mundstock: Rodrigo es prendido por doce nativos mas lucha, se zafa y proclama altivo:
Ernesto Acher: ¡Deteneos, ignorantes, atrasados! Desde hoy quedáis todos conquistados. ¡Mi honra está en juego y de aquí no me muevo!
Marcos Mundstock: Quinientas leguas al norte Rodrigo un tanto agitado, triste nota que los incas del cofre se han inca-utado. El cofre que fue en la huída olvidado, descuidado, digamos que fue en verdad tontamente abandonado...
Ernesto Acher: ¡Hombre habrase visto tamaña insolencia, tamaña desvergüenza!
Marcos Mundstock: Rodrigo vehemente injuria a los incas pues le han privado de sus propiedades.
Ernesto Acher: No hablo de los incas, me refiero a algunos que gozan contando mis intimidades y encima me insultan.
Marcos Mundstock: Pues no, yo no he sido.
Ernesto Acher: Sí, sí, yo le he oído. Usted dijo tonto...
Marcos Mundstock: ¡Dije tontamente!
Ernesto Acher: Bueno, parecido
Marcos Mundstock: Parecido no es lo mismo, caballero.
Ernesto Acher: Es que usted está diciendo falsedades.
Marcos Mundstock: Usted exagera.
Ernesto Acher: ¡Reclamo mis fueros!
Marcos Mundstock: ¡Me atengo a la historia!
Ernesto Acher: ¡Mentiras!
Marcos Mundstock: ¡Verdades! Y yo no discuto con aventureros.
Ernesto Acher: Y yo no discuto con aficionades.
Marcos Mundstock: Dirá usted aficionados.
Ernesto Acher: La rima es lo que me inspira. Yo he dicho aficionades en lugar de aficionados porque usted dijo verdades.
Marcos Mundstock: ¡Con que yo dije verdades! ¡Luego usted dijo mentiras!
Ernesto Acher: ¡Terco y duro como una pared!
Marcos Mundstock: ¿Y eso con qué rima?
Ernesto Acher: ¡Con usted, hombre, con usted!
Lo mejor, por supuesto, es escucharles y si hay ocasión acudir a uno de sus recitales. Mientras, no obstante y conforme a lo prometido, la leyenda...
RUMI ÑAHUI Y LA ACHIRANA DE ICA
Esta muy popular historia sucedió en el año 1412, cuando él poderoso Inca Pachacutec - con un magnifico sequito y un numeroso ejercito - llega al fértil valle de Ica con el propósito de anexarlo al imperio del Tawantinsuyo, por la razón o la fuerza.
No hubo ninguna resistencia, por que los inteligentes, pacíficos y laboriosos habitantes de la región decidieron que era inútil enfrentarse a 40,000 hombres perfectamente entrenados para la guerra.
En la ceremonia de celebración de la paz, sucedió “el encuentro” eje principal de esta historia, el maduro y poderoso Inca diviso a una hermosísima doncella, muy joven, cuya principal característica era una abundante y larga cabellera que lucia suelta al viento, el inca demando de inmediato su presencia.
Como era la costumbre, Pachacutec pensó que la doncella se rendiría presta y feliz a sus requerimientos amorosos, el sabía por larga experiencia que no existía ninguna gloria tan especial para una mujer, soltera o casada, que él haber recibido los favores del Inca.
Cuando la joven campesina entró en la habitación del monarca, había sido preparada especialmente para la ocasión, vestía una hermosa y transparente túnica roja y lucia en su impresionante cabellera una diadema de flores de mil colores diferentes, estaba realmente diáfana y espléndida.
El Inca notó de inmediato un relámpago en los ojos de la hermosa Rumi Ñahui, quien desafiante pero con respeto, le dijo: “Poderoso señor, te agradezco el favor que le haces a mi familia y a mí, al haberme elegido para amarte y te corresponderé como es debido... Pero... mi corazón no puede latir por ti, por que no lo tengo, hace algún tiempo un joven campesino me lo robó y mientras miraba fijamente al soberano fue soltando lentamente las amarras que tenia la túnica en los hombros, gruesas lagrimas rodaban por sus mejillas, no solo había quedado desnudo su cuerpo sino también su alma.
Pachacutec, quedo impresionado con la sinceridad y ternura de ese hermoso rostro, tomando entre sus manos las de la joven le dijo: “Queda en paz, princesa de este lugar y que nunca la niebla del dolor tienda su velo sobre el cielo de tu alma, pídeme alguna merced que, a ti y a los tuyos, haga recordar siempre la admiración que me inspirarte”.
Señor, le respondió la joven mientras se vestía, nada debo pedirte, que quien favores personales recibe obligada queda, al respetarme me has hecho enteramente feliz, no quiero nada más...
Pero si te satisface la gratitud de mi pueblo, ruégote que des agua a este valle, siembra beneficios y tendrás cosecha de bendiciones. Reina, señor, sobre corazones agradecidos mas que sobre hombres que, temerosos, se inclinan ante ti, deslumbrados por tu esplendor y poder.
Inteligente y bella eres, doncella de la negra cabellera, y así me cautivas con tu palabra como con el fuego de tu mirada, solo espera unos días, y verás realizado lo que pides y por supuesto nunca te olvides de tu rey y depositó un suave y paternal beso en la frente de la muchacha.
Solo unos días después de este incidente, estaba listo el canal de regadío más importante del tiempo de los Incas y por expresa indicación del Inca debía llamarse Achirana, que significa... “lo que corre limpiamente hacia lo que es hermoso”.
Cuando Rumi Ñahui, fue en busca de su amado para transmitirle la buena nueva, le informaron en el pueblo, que esa misma noche se había marchado sin decir donde y sin llevarse absolutamente nada. La joven doncella pensó... ¡ya regresara y sabrá que mi corazón nunca será de otro hombre sino de él,... y simplemente se sentó a esperar su retorno, al comienzo del canal en el pago de Tate.
Pasaron los días, los meses y los años y el útil canal transporto las aguas del progreso y de la vida a la agricultura de la región, cuenta la historia que la joven doncella espero por veinte años el regreso de su amado, que nunca supo del real sacrificio de la joven doncella.
A su muerte y como un monumental tributo de agradecimiento a Rumi Ñahui los lugareños tallaron una enorme roca que colocaron al inicio de la Achirana del Inca, el tiempo completó su obra al hacer flamear, hasta nuestros días, su cabellera al viento. Cuando me contaron esta historia tuve una gran curiosidad por ver el monumento a esta muy especial mujer, en 1984 se presentó la oportunidad de ir a la zona del canal en Ica y desde un mirador natural pude divisar a la distancia en forma nítida la inconfundible y hermosa silueta de Rumi Ñahui y lo mejor de ese muy especial momento fue que la perfumada brisa de esa tarde de primavera me trajo desde el pasado una singular misiva de fortaleza y fe de un pueblo generoso que se quedo grabado en el centro mismo de mi corazón.
Recopilación e interpretación Ing. Jaime Ariansen Céspedes. Profesor de Historia de la Gastronomí´.
http://www.historiacocina.com/dietas/articulos/peru/rumi.html
domingo, julio 16, 2006
Y AL TERCER CANTO FUE CABALLO
| Hasta llegar a los corrales que para los encierros se disponían en la capital navarra, ni siquiera se supo toro. Luego, justo antes del “chupinazo”, entre los cabestros que, por experiencia, conocían todo lo que iba a acontecer, durante el tercer canto de los mozos a San Fermín, empezó a tomar conciencia de su identidad. El morlaco, tal vez más atento que sus compañeros a la puesta en escena del momento, incluso a pesar suyo, quiso destacar, mostrar a todos unas capacidades que descubría a la misma velocidad que se desplazaba por el asfalto. Y, en un principio, eligió su trote como exponente de esa pulsión a la que respondía cada vez más emocionado. Pensó, acto al que se estaba acostumbrando con facilidad, en esos animales que llevaban sobre sí a individuos como los que ahora corrían a su vera. Aquellos a los que tantas veces contempló deslizarse como centellas por los campos de su infancia y a los que ahora no dudaría en llamar caballos. Y ese galope eficaz, la mayoría de las veces armonioso y elegante, solo podía conseguirse adoptando las posturas y modos de un caballo. Debió ser a tales efectos que se elevó sobre sus patas y estiró su cuello tanto que la metamorfosis sucedió antes de que se cumplieran los dos minutos treinta y cinco segundos que tardó la manada en llegar a la plaza de toros de Pamplona: por suerte para los humanos solo un herido, uno que sufrió un puntazo en el glúteo, administrado por cualquiera de los de la compaña, visiblemente molesto a causa del indiscriminado palmeo que le daban en el lomo algunos de los más envalentonados y temerarios atletas del encierro. El caso es que, bastante retrasado respecto a la marcha de los demás porque decidió entrar al trote, compareció ante los aficionados presentes en el coso y ante las cámaras de televisión, lozano y albino con el mismo aspecto hermoso de esos caballos árabes que algunos rejoneadores emplean para la lidia. De toro a caballo, de antagonista del arte a protagonista del mismo. Algo en lo que nunca había pensado simplemente porque no es propia de las reses la facultad de la razón. Lo demás, ya se sabe: querer es poder y a partir de esa transformación, olvidados sus pitones en la carrera para llegar al centro del ruedo, era turno de los de la tele, que son los que otorgan carta de naturaleza a todo lo que en el mundo pretende ser cierto, decidir si ese prodigio había sucedido o no. La gente terminaría por admitir que lo que vio jamás había sucedido si para los próximos telediarios se trataba la imagen de tal forma que la realidad correspondiera a los intereses del poder. Si convenía, todos las grabaciones caseras testigo del milagro se presentarían como parte de un complot político para acabar con la Fiesta o parte de un entramado comercial que habría de soportar el colectivo más enconado con las autoridades. Pero el toro solo quería ser caballo y como caballo se comportó hasta su retorno a los toriles. Aquella tarde fue ajusticiado por la espada de Enrique Ponce, el corcel ya de nuevo toro toro por razones inversas a las que le hicieron manifestarse espléndido y distinto, y lo acaecido se olvidó quedando como leyenda urbana para futuras generaciones. |
sábado, julio 15, 2006
CLASE DE GORDOS
Una de las características principales de las políticas de derechas es dejar al ciudadano a su libre albedrío y que progrese el mejor capacitado. Por desgracia, cuando este principio ideológico se extrema acontece el oprobio y la suma minoritaria de los que alcanzaron el éxito se nutre del esfuerzo colectivo. En el caso de la izquierda, todo conduce al equilibrio y la igualdad: reparto, redistribución y actos tendentes a regular la vida social para corregir desigualdades. Pero, también este presupuesto político tiene sus contras. Ocurre que los gobiernos se inclinan por ser tan protectores que intervienen en la vida de sus administrados hasta controlar todo lo que hacen dando lugar a otra tiranía. Pues bien, ahora que vivimos una legislatura de mayoría y legítimo gobierno socialista, radical para muchos, priman las iniciativas que obran a favor del bienestar común, pero con un claro signo de sesgo totalitario. ¿Por qué? Porque, como se puede ver, por ejemplo, en los textos correspondientes a los nuevos Estatutos Autonómicos aprobados o por aprobar- véase el de Cataluña- la existencia ciudadana sufre un encorsetamiento tal que acabaremos por aprender una serie de instrucciones de usos y costumbres fuera de las cuales todo será el caos. Se dirá que exagero, sin embargo, a las normativas contra el tabaco o el carnet por puntos llega ahora una posible ley que pretende que los niños rollizos asistan a CLASE DE GORDOS... Sí, sí, no es broma. El ministerio, ya casi sin función alguna a causa de las transferencias, probablemente con la mejor intención del mundo puesto que lo que se pretende es arbitrar soluciones que palien los grandes problemas de obesidad que hay en España, se equivoca en las formas y escenarios, y dispone o está dispuesto a disponer que los colegios sean lugar de reconducción y terapia para que los escolares sobrados de carnes mejoren su salud. A los niños gorditos objeto de burlas por parte de otros compañeros no les faltaba nada más que ser estabulados con etiqueta y todo para alcanzar el rechazo de los infectos. Por lo tanto, ni vale desentenderse de los problemas, en este caso de salud, de manera que el ciudadano solo pueda enfrentarlos con sus propios medios, ni es de recibo obligar a la gente a proceder como al gobernante le convenga. Hay que establecer, eso sí, medios, mecanismos, posibilidades informativas, pedagógicas y sanitarias inteligentes y prácticas que, en el principal ámbito de responsabilidad que es la familia, sea cual sea su forma ahora que vino el Papa a defender la forma que la Iglesia cree como única válida, los padres y tutores puedan, para su descendencia y para sí, contar con todo lo necesario si es que quieren ofrecerse oportunidades que contribuyan a estar más satisfechos consigo mismos. Si vivimos en una sociedad donde se puede ser flaco, no se olvide que hay una industria- la de la moda- que favorece tragedias como las de la anorexia y la bulimia, también hay que admitir que se puede ser gordo, calvo o contrahecho: los que quieren también pueden acudir al cirujano plástico para cambiar su aspecto. Cambiar, en todo caso, esa cultura occidental del exceso- que se da igual con gobiernos de derechas o de izquierdas- donde unos, nosotros, consumimos mucho más de lo que podemos hacer nuestro mientras la gran mayoría perece a diario sin otra pertenencia que la de los días que les quedan hasta su fin.
viernes, julio 14, 2006
CLARCK Y JESÚS CONVERSAN SOBRE LAS AGUAS A PESAR DE LA SEQUÍA.
Así que se encuentran SUPERMAN y JESUCRISTO, el segundo caminado sobre las aguas del Jordán y el primero igualmente sin posarse en lugar alguno. “Que nos equiparan, que dicen que, puesto que somos un poder superior, nuestra historia puede ser extrapolable”, dice el tipo de la capa encarnada. “¿Y quien dices que lo dicen”, responde el Nazareno. “Brandon Routh, el actor que encarna a Clark Kent en la película de SUPERMAN que se estrena. “Pero, ¿Brandon es un poder superior?”, replica Jesús. “Él no. Yo, yo si soy un poder superior”, asegura entonces el superhéroe. “Entonces, ¿tu reino, como el mío, no es de este mundo?”. “No, yo procedo de Kriptón. ¿Y tú?”. “Yo presido el Universo a la derecha de Dios Padre en el Cielo y no comprendo por qué ese Brandon habla en tu nombre”. “Es a causa de la doble personalidad: ha de asumir una identidad diferente a la mía durante la película, por seguridad, y ser otro lejos del alcance de las cámaras”. “Eso supone que sois tres, como nosotros: la Santísima Trinidad... Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”.”... Bueno, más o menos. A veces fuimos otro, pero ya no”. “Eso no lo entiendo, pero no importa. Mira, apuesto a que se te ve como el inmigrante por antonomasia”. “Pues sí: ¿cómo lo sabes”. ”Yo lo sé todo: es uno de mis poderes, pero lo he leído en la entrevista que la hacen a tu tercera persona en el diario El Mundo de fecha diez de julio”. “Es cierto, aducen que, como vengo de otro planeta...”. “Ya. Yo también lo soy. Digo inmigrante. No en vano, cuando se hace algo a uno de los míos se me hace a mí. Y, así las cosas, cuando uno de los míos es rechazado en las fronteras o es presa de las mafias para cruzar ríos u océanos, soy yo mismo quien sufro y muero”. “A mí me mataron una vez en el tebeo... Bueno, cómic”. “¿Un libro sagrado?”. “Algo parecido, aunque para algunos es una verdadera Biblia. ¿Tú también actúas por tu cuenta?”. “Me respalda la Iglesia”. “A mí Hollywood. Por cierto, que lo de tu delegado en el Vaticano cuando la tropa familiar en Valencia ha sido todo un peliculón”. “¿Lo dices por la difusión mediática que se dice ahora?”. “Claro”. “Pues, la verdad, no te digo que no. Todo esto lo comenzó el anterior Papa, pero da la impresión que este no tiene tanto tirón taquillero. Me consta que no se ha enfadado porque ZP evitara la misa. Es más, lo prefiere: para no ser creyente que más da que esté o no. Además mandó a dos de sus ministros...”. “Entonces, ya que somos tan afines, ¿qué te parece si firmamos una alianza?”. “No sé, Alá y Buda ya están ciertamente molestos porque tus presidentes nos invocan cada vez que van a iniciar una guerra contra acólitos suyos y los rusos tampoco creo que lo aprueben”. “Bueno, pues nada, regreso a la ficción que esto de combinar el cine con la fe produce un vértigo... y que lo diga yo está muy mal. A... A Ti”. “A Mí”... Y las esferas en el universo siguieron girando, los cines llenándose de personas acaloradas que buscan en el aire acondicionado de las salas satisfacción casi mística, y los obispos aún sin aprobar en la Conferencia Episcopal un finiquito como el que se han dado los políticos parlamentarios: una pasta para la jubilación repitan o no en la siguiente legislatura.
jueves, julio 13, 2006
PEROGRULLADAS DE DISEÑO Y UNA CAJA DE CARTÓN
Ingeniosos, geniales y divertidísimos artistas, Les Luthiers son un conjunto músico vocal argentino que lleva muchísimos años paseando por el mundo la gracia y el sentido del humor elevado a la enésima potencia. Por lo tanto, recomendar la asistencia a cualquiera de sus espectáculos o la consecución de su obra sonora o filmada, es prédica ineludible. Precisamente, para ilustrar lo que a continuación va a leerse- una increíble noticia- de su CANTATA DEL ADELANTADO DON RODRIGO DÍAZ DE CARRERAS, DE SUS HAZAÑAS EN TIERRAS DE INDIAS, DE LOS SINGULARES ACONTECIMIENTOS EN QUE SE VIO ENVUELTO Y DE CÓMO SE DESENVOLVIÓ, viene muy a cuento el diálogo que, asumiendo los personajes de Don Rodrigo y el Relator, realizaran Ernesto Acher- actualmente fuera de la banda- y Marcos Mundstock...
RELATOR: Al ver don Rodrigo que nada consigue, con rumbo nordeste su viaje prosigue...
DON RODRIGO: Al llegar cerca del mar rogué que no se extinguieran mis fuerzas que entonces eran por demás flacas. Me inspiré tomando el nombre de los indios del lugar y en aquel hermoso la fundé, ¡Caracas! Fundé Caracas y acerté a fundarla en tan hermoso valle...
RELATOR: Fundó Caracas, dice..
DON RODRIGO: En tan hermoso valle...
RELATOR: “Acerté a fundarla”. Acertó a fundarla. Y tanto acertó que la fundó en pleno centro de Caracas que ya estaba fundada y el no la vio...
Claro, porque es que hay personas que consiguen y proclaman lo obvio cual si acabaran de emular a Armstrong dando un gran paso para la humanidad. Es el caso de J. M. Ferrero quien ha inventado la caja de cartón. Sí, como se lee, la caja de cartón. Se trata del proyecto POORHOUSE que se realiza gracias a la colaboración de una firma comercial y una ONG, mención de honor en el certamen Valencia Crea. La noticia apareció en las páginas de Los SÁBADOS del diario ABC de fecha nueve de este mes de julio. Es una caja, pongamos de dimensiones poco mayores que las que podrían corresponder al embalaje de un frigorífico, plegable, que está destinada a servir de habitáculo, solución habitacional, o casa de menesterosos o pobres de solemnidad. Éstos, los descamisados y a medio vestir de la urbe moderna, no suponían que esa combinación de cajas de cartón y bolsas de plástico tan vistas en épocas invernales por calles, portales y pasadizos, por ejemplo de Madrid, pudieran constituir, mediante el refinamiento y la publicidad, todo un invento. Y no lo pensaron porque este asunto es un chalaneo "politiquil", seudo solidario y financiero que explica el citado Ferrero así: “El proyecto Poorhouse se concibe en 2003 y se presenta por primera vez en el Festival del BABA en Barcelona, con motivo del Año del Diseño. Desde entonces estamos trabajando en él para su próxima comercialización por parte de una importante empresa asociada a una ONG cuyo nombre no podemos revelar, y que pretende involucrar a los servicios sociales de algunos ayuntamientos. Poorhouse se propone como un habitáculo destinado a los SIN TECHO, con todo el respeto para estas personas, víctimas de la mala suerte o de muchas y variadas circunstancias, nómadas por excelencia que han aprendido a vivir prescindiendo de lo superfluo con el fin de que sirva como lugar donde resguardarse durante la noche de frías heladas. “ Dice la información además que, “Para las casas de indigentes se ha pensado incluir la impresión- en las paredes de la caja- un buzón de correo o incluso un tablón de anuncios donde recoger ofertas de trabajo o proponer las suyas. También hay zonas destinadas a la publicidad, con lo que el proyecto se financiaría por sí solo en colaboración con el Ayuntamiento o cualquier otro organismo que lo gestione”... En fin, es una colección tal de majaderías que da vergüenza, tremendo sonrojo si llega a suceder, además, que, administraciones y organizaciones de esas que se dicen independientes y que se financian gracias a los gobiernos de los que dicen no depender, puedan sostener con dinero público el aplaudido capricho de ese genio apellidado Ferrero. No obstante: ¿podrán conseguirse las cajas- casa plegables pronto en EL CORTE INGLÉS mediante tarjeta de crédito o vale municipal? ¿A los desheredados verdaderamente nómadas se les proporcionará también una bicicleta, carrito de reparto o cualquier otro tipo de domicilio rodante?... Y, ¡anda!, que si esto lo llega a proponer la ministra...
miércoles, julio 12, 2006
QUINO
martes, julio 11, 2006
AÑORALGIAS
Hoy, continuando con la sana costumbre de poner un poquito de sal al condimento de lo trascendente, o de lo que lo parece ser, una pieza de LES LUTHIERS, conjunto musico- vocal argentino que casi no necesita presentación. No obstante basta incluir el nombre dicho en cualquier buscador de internet para averiguar lo necesario de estos inmejorables y legendarios artistas... Se trata de la intruducción y letra de la canción AÑORALGIAS: lo que sigue...
AÑORALGIAS
(Espectáculo "Luthierías")
Marcos Mundstock: A continuación escucharemos una canción típica del folclore argentino, recopilada por un gran investigador y antropólogo: el licenciado Gustavo Pérez y Alonso. Como buen científico, Pérez y Alonso cultivaba la duda filosófica, se cuestionaba todo constantemente, cultivaba la duda; sin ir más lejos, firmaba sus libros en vez de "Pérez y Alonso", "Pérez o Alonso". Leemos en uno de los ensayos de este autor: El estudioso debe dudar siempre. A veces, sin embargo, después de dudar demasiado ante algún detalle, me invade una sensación de inoperancia, de ineficacia... más bien de inoperancia... o de ineficacia. Y aquí, sigue diciendo Pérez y Alonso, formulo tres interrogantes; uno: "¿la duda significa un estímulo para la indagación, o un obstáculo inhibitorio?"; dos: "en tanto herramienta filosófica, ¿es epistemológicamente plausible, o implica un eufemismo agnóstico?" y tres: "perdón, ¿de qué estábamos hablando?". Los discípulos de Pérez y Alonso lo recordarán siempre anotando en su cuaderno la canción que entonaba esa anciana de 108 años, a quien él mismo había encontrado en una de sus tantas excavaciones arqueológicas. O también, en el ejercicio de la duda, al bautizar esa misma canción vacilando entre dos posibles títulos: "Añoranzas" y "Nostalgias". Les Luthiers interpretarán ahora esa misma canción; lleva por título "Añoralgias". Esta zamba es el reiterado lamento del que ha debido abandonar su terruño y lo evoca con la emoción de la distancia.
Carlos Núñez Cortés:
Yo canto porque me gusta
y soy hombre de valor.
A "naide" tengo temor
ni cosa alguna me asusta
porque ¡¡¡Aaaaahhhhh!!!
(Se asusta por la supuesta aparición de una araña)
Carlos Núñez Cortés:
¡Primera!
Coro:
Esta zamba canto a mi tierra distante
Cálido pueblito de nuestro interior
Tierra ardiente que inspira mi amor
Daniel Rabinovich:
Gredosa, reseca de sol calcinante
Coro:
Recordando esa tierra quemante
Resuena mi grito: ¡Qué calor!
Coro:
Cómo te recuerdo mi lindo pueblito
Con tu aire húmedo y denso de día
Noches cálidas de fantasía
Daniel Rabinovich:
Pobladas de magia, de encanto infinito
Coro:
Y el cantar de tu fresco arroyito
Salvo en los diez meses de la sequía.
Coro:
Siempre fue muy calmo mi pueblo adorado
Jorge Maronna:
Salvo aquella vez que pasó el huracán
Coro:
Viejos pagos, qué lejos están
Daniel Rabinovich:
Mi tierra querida, mi dulce poblado
Carlos Núñez Cortés:
¡Bueno!
Coro:
Tengo miedo de que hayas cambiado
Después de la última erupción del volcán.
Carlos Núñez Cortés:
¡Segunda!
Coro:
Tierra que hasta ayer mi niñez cobijabas
Siempre te recuerdo con el corazón
Aunque aquel arroyito dulzón
Daniel Rabinovich:
Hoy sea un hirviente torrente de lava
Coro:
Que por suerte a veces se apaga
Cuando llega el tiempo de la inundación.
Coro:
Los hambrientos lobos aullando estremecen
Cuando son mordidos por fieros mosquitos
No se puede dormir por los gritos
Daniel Rabinovich:
De miles de buitres que el cielo oscurecen
Coro:
Siempre algún terremoto aparece
Y al atardecer llueven meteoritos.
Coro:
Y si a mi pueblito volver yo pudiera
Jorge Maronna:
A mi viejo pueblo al que no he regresado
Coro:
Si pudiera volver al poblado
Daniel Rabinovich:
Que siempre me llama, que siempre me espera
Carlos Núñez Cortés:
¡Se acaba!
Coro:
Si a mi pueblo volver yo pudiera
¡No lo haría ni mamado!
AÑORALGIAS
(Espectáculo "Luthierías")
Marcos Mundstock: A continuación escucharemos una canción típica del folclore argentino, recopilada por un gran investigador y antropólogo: el licenciado Gustavo Pérez y Alonso. Como buen científico, Pérez y Alonso cultivaba la duda filosófica, se cuestionaba todo constantemente, cultivaba la duda; sin ir más lejos, firmaba sus libros en vez de "Pérez y Alonso", "Pérez o Alonso". Leemos en uno de los ensayos de este autor: El estudioso debe dudar siempre. A veces, sin embargo, después de dudar demasiado ante algún detalle, me invade una sensación de inoperancia, de ineficacia... más bien de inoperancia... o de ineficacia. Y aquí, sigue diciendo Pérez y Alonso, formulo tres interrogantes; uno: "¿la duda significa un estímulo para la indagación, o un obstáculo inhibitorio?"; dos: "en tanto herramienta filosófica, ¿es epistemológicamente plausible, o implica un eufemismo agnóstico?" y tres: "perdón, ¿de qué estábamos hablando?". Los discípulos de Pérez y Alonso lo recordarán siempre anotando en su cuaderno la canción que entonaba esa anciana de 108 años, a quien él mismo había encontrado en una de sus tantas excavaciones arqueológicas. O también, en el ejercicio de la duda, al bautizar esa misma canción vacilando entre dos posibles títulos: "Añoranzas" y "Nostalgias". Les Luthiers interpretarán ahora esa misma canción; lleva por título "Añoralgias". Esta zamba es el reiterado lamento del que ha debido abandonar su terruño y lo evoca con la emoción de la distancia.
Carlos Núñez Cortés:
Yo canto porque me gusta
y soy hombre de valor.
A "naide" tengo temor
ni cosa alguna me asusta
porque ¡¡¡Aaaaahhhhh!!!
(Se asusta por la supuesta aparición de una araña)
Carlos Núñez Cortés:
¡Primera!
Coro:
Esta zamba canto a mi tierra distante
Cálido pueblito de nuestro interior
Tierra ardiente que inspira mi amor
Daniel Rabinovich:
Gredosa, reseca de sol calcinante
Coro:
Recordando esa tierra quemante
Resuena mi grito: ¡Qué calor!
Coro:
Cómo te recuerdo mi lindo pueblito
Con tu aire húmedo y denso de día
Noches cálidas de fantasía
Daniel Rabinovich:
Pobladas de magia, de encanto infinito
Coro:
Y el cantar de tu fresco arroyito
Salvo en los diez meses de la sequía.
Coro:
Siempre fue muy calmo mi pueblo adorado
Jorge Maronna:
Salvo aquella vez que pasó el huracán
Coro:
Viejos pagos, qué lejos están
Daniel Rabinovich:
Mi tierra querida, mi dulce poblado
Carlos Núñez Cortés:
¡Bueno!
Coro:
Tengo miedo de que hayas cambiado
Después de la última erupción del volcán.
Carlos Núñez Cortés:
¡Segunda!
Coro:
Tierra que hasta ayer mi niñez cobijabas
Siempre te recuerdo con el corazón
Aunque aquel arroyito dulzón
Daniel Rabinovich:
Hoy sea un hirviente torrente de lava
Coro:
Que por suerte a veces se apaga
Cuando llega el tiempo de la inundación.
Coro:
Los hambrientos lobos aullando estremecen
Cuando son mordidos por fieros mosquitos
No se puede dormir por los gritos
Daniel Rabinovich:
De miles de buitres que el cielo oscurecen
Coro:
Siempre algún terremoto aparece
Y al atardecer llueven meteoritos.
Coro:
Y si a mi pueblito volver yo pudiera
Jorge Maronna:
A mi viejo pueblo al que no he regresado
Coro:
Si pudiera volver al poblado
Daniel Rabinovich:
Que siempre me llama, que siempre me espera
Carlos Núñez Cortés:
¡Se acaba!
Coro:
Si a mi pueblo volver yo pudiera
¡No lo haría ni mamado!
lunes, julio 10, 2006
ENTRE EL CIELO Y EL MAR
Regreso de la mar y las emociones de la compañía- la tuya Dama de carne y besos- merecen que taiga aquí a, según algunos, el más grande cuentista español de todos los tiempos: Ignacio Aldecoa. Porque recuerdo los gallos de plata que tanto quisieron empujarnos desde sus atalayas de agua, porque desde esa calle de tu casa me acuerdo ya que veo la mar, he aquí...
ENTRE EL CIELO Y EL MAR
Por Ignacio Aldecoa
Era la tercera vez en la mañana. Los niños volvieron a acercarse. El ruido de la mar se confundía con el unánime grito de los que hablaban. Unos segundos de silencio y la monótona repetición como un gruñido o como un estertor: «aaa-ú». La red iba saliendo lentamente a la áspera playa. Su dulce color de otoño, roto por la lucecilla plateada de un pescado muy chico o por el verde triste un alga prendida en sus mallas, dividía la oscura desolación de grava menuda; cerca cabeceaba la barca vacía.
Los niños pisaban la red. Pedro había asumido la labor de espantarlos. Decía una palabrota y hacía que corrieran apenas unos metros para pararse en seguida y volver confianzudamente a poco. Pedro tenía entre los labios el chicote de un cigarrillo y les miraba superior y hostil, porque era casi un hombre y trabajaba.
En el copo había un parpadeo agónico y blanco de pascado y se movía la parda masa de un pulpo con algo indefinible de víscera o de sexo. Un último esfuerzo. Los pescadores se inclinaron más; luego se irguieron en silencio y contemplaron el mar.
La tercera vez en la mañana. El señor Venancio, el de la nostalgia de los tiempos buenos de la costera, dio una patada al pulpo, que retorció los tentáculos, y, al fin, medio dado la vuelta, los extendió tensamente, abriéndose como una rara flor.
-Si llegamos a una peseta por cabeza, vamos bien –comentó.
Los demás siguieron en silencio. Habían oído y habían olvidado. Estaban acostumbrados, aunque no resignados, como creían otras gentes del pueblo. De pronto, uno de ellos comenzó a cantar en el vaivén de la ira y el ridículo. Pedro se aproximó al pulpo y principió a jugar cruelmente con él.
-Déjalo ya –dijo el señor Venancio.
Pedro sintió algo como vergüenza que le ascendió hasta los ojos y le hizo humillar y distraer la mirada en un pececillo que cogió entre los dedos. No, no le debía de haber dicho aquello el señor Venancio delante de los chiquillos, que le miraban envidiosos. Pedro era pescador, y sabía que tenía su parte en el pulpo y un indudable derecho a jugar con él o a darle una patada como el señor Venancio. No tuvo tiempo de pensarlo mucho.
-Dale la vuelta a la moña, Pedro, y échalo en el cesto.
Los chiquillos contemplaron admirados el trabajo de Pedro en cuclillas sobre el animal.
-Cabrón –dijo Pedro, y luego se levantó con el pulpo fláccido, pendiente de sus dedos índice y medio de la mano derecha, los tentáculos colgantes formando una masa inerte, salvo en sus delgadísimos extremos, que todavía se retorcían.
El señor Venancio hablaba con los compañeros:
-Yo hubiera tirado el lance hacia el puntal; puede que allí hubiéramos sacado algo más. Como siga esto así, vamos a comer piedras. Tres veces en una mañana, y ni siquiera para comprar pan...
Pedro fingía interesarse en la conversación de los mayores sobre el jornal, porque para eso era pescador; pero sabía que no le importaba demasiado. Llegaría a su casa y tendría algo que comer. Para llevar de comer estaba el padre y no él. Acaso un trozo de pan y un rebujón de pescado frito, pero ya era bastante. Desde pequeño –contemplaba su infancia sin haber salido de ella como algo muy distante- había comido poco, a veces nada, mas siempre había tenido el derecho a llorar, a protestar por la escasez. El que no lloraba ni protestaba era su padre, que lo miraba todo con unos ojos muy pequeños, como queriendo llorar y protestar con odio.
-Pedro, lleva el cesto a la vieja y que se dé prisa en vender todo ese lastre.
Pedro se bajó los pantalones largos de color de arcilla, recogios a medio muslo.
-¿A la tarde afanamos? –preguntó.
-Se verá. Hay que contar con la mar. Te avisará, al pasar, Luciano.
Los pescadores extendían la red sobre la playa. Algunos niños se divertían cogiendo pececillos minúsculos enmallados; otros iban detrás de Pedro tocando el pulpo temerosamente. Pedro se volvía hacia ellos:
-Largo muchachos; ¿es que nunca habéis visto un pulpo?
Les lanzaba arena con los pies.
-Largo, largo, largo...
Dijo una frase obscena...
Llegó donde la vieja. La vieja estaba sentada en el escalón del umbral de la casa. Miraba distraída.
-Nada, ¿verdad? –dijo.
-Poco; se dio mal toda la mañana –contestó Pedro.
-Bueno, deja eso ahí; ahora saldré a ver lo que dan. Venancio quiere muchas cosas. Ya te puedes ir; aquí no pintas nada.
La vieja tenía un genio malo. Solía beber. Bebía aguardiente, a veces con agua, a veces con pan, mojando en la copa migas que amasaba entre los dedos y arrancaba de un corrusco guardado en uno de los profundos bolsillos de su delantal. Pedro no se había marchado todavía.
-Que ya te puedes ir –repitió la vieja.
Pedro caminó hacia su casa. Iba pensando en el mar. Le gustaría ser pescador de mar, dejar de pescar desde la playa. Le gustaría salir con la traíña y estar encargado en ella de los faroles de petróleo. Y, sobre todo, hablar del viento de Levante. Decir al llegar a casa, con la superioridad del trabajador de mar: «Como siga esto así, vamos a comer piedras. El levante nos ha llenado la traíña tres veces de mar. Si no llega a ser por el señor Feliciano, nos vamos a fondo.» Y decir esto mirando a sus padres alternativamente. Ver los ojos del padre casi tristes, casi alegres; y los de la madre, temerosos; y contar a los hermanos cómo una morena le tiró un muerdo y él le dio con el cuchillo de partir el cebo en la cabecilla de bicha, y la tuvo a sus pies retorciéndose más de dos horas.
Le llamaban los amigos que estaban jugando con cajas de cerillas.
-¿Juegas, Sánchez?
Estaban en corro sobre el sucio principio de la playa.
-Ahora no, voy a casa. Esta tarde tenemos faena.
Y una voz:
-Los de la Tres Hermanos han venido hasta arriba de pesca. Nadie sabe cómo se las han arreglado. Es el señor Feliciano, que tiene ojo de gato para esas cosas.
Pescar en la traíña del señor Feliciano era el deseo de todos lo muchachos de la playa. Pero el señor Feliciano no llevaba muchachos en su embarcación, porque pensaba que estaría mal que un niño ganase por ir con él más que su padre, que pescaba de playa o que estaba en otra lancha con poca fortuna.
Al pasar junto a la taberna de Sixto, se asomó.
-Hola, padre.
El padre de Pedro y el señor Feliciano estaban celebrando la pesca. Se había vendido bien en Vélez.
-¡De modo que tú ya andas en la labor! Bueno, hombre, bueno –dijo el señor Feliciano.
-Aprendiendo –aclaró el padre.
Pedro miraba fijamente al señor Feliciano.
-¿Quieres una copa? ¿Qué tomas?
-Un pintao –respondió Pedro.
-Pon al chico un pintao –gritó el señor Feliciano-. ¿Qué tal se dio hoy? Venancio sabe mucho; hay que largar donde él diga. Él sabe mucho de eso. Claro que las playas andan mal de pesca... Vete haciendo ojo. El año que viene, que paco se marcha al servicio... Bueno, ya hablaré con tu padre; ya se lo diré a él cuando sea.
Dejaron de hacerle caso y siguieron hablando de toreros, a los que no habían visto nunca torear. Pedro se bebió un vaso y dijo adiós. Al salir, el padre le llamó:
-Dile a tu madre que ya voy para allá.
Pedro movió la barbilla y cerró los ojos, asintiendo.
La madre de Pedro estaba sentada en el escalón del umbral de la puerta. Cosía algo. Preguntó:
-¿Qué tal se os dio?
-Mal, madre.
-Traes hambre. Anda, pasa. Encima de la hornilla hay pescado. Ojo, que hay que repartirlo. ¿Has visto a tu padre?
No daba lugar a las contestaciones; hablaba rápida, andaluzamente.
-Estará tomándose sus copas. Lo mismo da sacar buen jornal que malo. Hoy de juerga, mañana de queja. Así va todo.
-Hoy han tenido suerte –comentó Pedro-; el señor Feliciano tiene ojo de gato para la pesca.
-El señor Feliciano no tiene familia que mantener como tu padre; se puede gastar lo que gane con quien le dé la gana.
-Puede que el año que viene... paco se marcha al servicio. Ha dicho que hablará con padre. En casa de Sixto...
-Los hombres debían pensar más las cosas cuando se casan. Creerá que os voy a alimentar de aire.
-Cuando Paco se marche al servicio... Me ha dicho que vaya haciendo ojo...
-Vendrá cuando quiera, claro está, y supongo que bebido.
-Me ha invitado a un pintao. Aprecia al señor Venancio. Dice que hay que hacerle mucho caso en los lances, porque sabe mucho de eso... Lo que pasa es que las playas...
Pedro miraba a través de la puerta la playa y el mar. La madre dejó un momento la labor.
-Sin comer no se puede trabajar. Anda y come algo.
Pedro seguía mirando la playa y el mar.
-Aviva, que ya te quedará tiempo para trabajar durante toda la vida.
Pedro entró lentamente en la cocina. En el rescoldo de la hornilla había un plato de porcelana desportillado con un montón de pescado. Sobre los azulejos partidos, media hogaza de pan. Cortó un trozo y mascó sin ganas. La ventana de la cocina daba a una calle de polvo y suciedad, hecha entre dos filas de casas de una sola planta. Al sol del otoño dormitaba un perro. Las moscas s agolpaban en huellas de humedad. El vecindario vertía el agua sucia en la calle. Pedro apretó dos o tres pescados sobre el pan y salió a la puerta que daba sobre la playa. Mascaba, lenta, concienzudamente. Volvió la vista a la derecha y vio a su padre, que se acercaba. Dos delos hermanos pequeños de Pedro venían cogidos de sus manos. El padre sonreía. Llegó.
-Hola, María –hablaba lentamente-; hoy hemos salido bien. Tengo una buena noticia para ti, Pedro: Feliciano ha hablado con Venancio. Hoy te vas a venir con nosotros.
Pedro apretaba el pan y el pescado fuertemente. El padre continuó:
-De prueba. Te encargarás de las farolas; es sencillo. Ya te enseñaremos.
-Ya sé, padre.
-Bueno, te enseñaremos de nuevo, aunque digas que ya sabes.
El padre entró en la casa. Los hermanos de Pedro quedaron con la madre. La madre comenzó a hablar en voz baja, rabiosamente. Dijo por fin:
-A ver si ahora te haces un zángano como los otros, Pedro.
Pedro no la escuchaba. Entró en la cocina, donde el padre estaba comiendo.
-¿Qué ha dicho de mí padre?
-Lo dicho, que te vienes esta noche con nosotros; que cree que te puede hacer un sitio. Ya puedes hacerlo bien...
-Pero no ha dicho nada más.
¿Qué quieres que dijera, criatura? Ha dicho lo que ha dicho y es bastante.
Pedro volvió la vista.
-Podía haber dicho algo.
Pedro dejó la cocina.
Andaba ya por la playa. Iba mirando las embarcaciones varadas. Aspiraba el olor de la brea, el de las redes puestas a secar. Se acercó a la traíña Tres Hermanos. De vez en vez mordía el pan y el pescado. Dio una vuelta en torno a ella, pasando lentamente la mano vacía por sus costados. Terminó el pan y el pescado. Se tendió al sol. La lancha daba una breve sombra de mediodía pasado.
Pedro cerró los ojos. Los abrió. Las olas acababan suavemente en la playa. Cerró los ojos y escuchó como un gruñido o como un estertor: la mar.
ENTRE EL CIELO Y EL MAR
Por Ignacio Aldecoa
Era la tercera vez en la mañana. Los niños volvieron a acercarse. El ruido de la mar se confundía con el unánime grito de los que hablaban. Unos segundos de silencio y la monótona repetición como un gruñido o como un estertor: «aaa-ú». La red iba saliendo lentamente a la áspera playa. Su dulce color de otoño, roto por la lucecilla plateada de un pescado muy chico o por el verde triste un alga prendida en sus mallas, dividía la oscura desolación de grava menuda; cerca cabeceaba la barca vacía.
Los niños pisaban la red. Pedro había asumido la labor de espantarlos. Decía una palabrota y hacía que corrieran apenas unos metros para pararse en seguida y volver confianzudamente a poco. Pedro tenía entre los labios el chicote de un cigarrillo y les miraba superior y hostil, porque era casi un hombre y trabajaba.
En el copo había un parpadeo agónico y blanco de pascado y se movía la parda masa de un pulpo con algo indefinible de víscera o de sexo. Un último esfuerzo. Los pescadores se inclinaron más; luego se irguieron en silencio y contemplaron el mar.
La tercera vez en la mañana. El señor Venancio, el de la nostalgia de los tiempos buenos de la costera, dio una patada al pulpo, que retorció los tentáculos, y, al fin, medio dado la vuelta, los extendió tensamente, abriéndose como una rara flor.
-Si llegamos a una peseta por cabeza, vamos bien –comentó.
Los demás siguieron en silencio. Habían oído y habían olvidado. Estaban acostumbrados, aunque no resignados, como creían otras gentes del pueblo. De pronto, uno de ellos comenzó a cantar en el vaivén de la ira y el ridículo. Pedro se aproximó al pulpo y principió a jugar cruelmente con él.
-Déjalo ya –dijo el señor Venancio.
Pedro sintió algo como vergüenza que le ascendió hasta los ojos y le hizo humillar y distraer la mirada en un pececillo que cogió entre los dedos. No, no le debía de haber dicho aquello el señor Venancio delante de los chiquillos, que le miraban envidiosos. Pedro era pescador, y sabía que tenía su parte en el pulpo y un indudable derecho a jugar con él o a darle una patada como el señor Venancio. No tuvo tiempo de pensarlo mucho.
-Dale la vuelta a la moña, Pedro, y échalo en el cesto.
Los chiquillos contemplaron admirados el trabajo de Pedro en cuclillas sobre el animal.
-Cabrón –dijo Pedro, y luego se levantó con el pulpo fláccido, pendiente de sus dedos índice y medio de la mano derecha, los tentáculos colgantes formando una masa inerte, salvo en sus delgadísimos extremos, que todavía se retorcían.
El señor Venancio hablaba con los compañeros:
-Yo hubiera tirado el lance hacia el puntal; puede que allí hubiéramos sacado algo más. Como siga esto así, vamos a comer piedras. Tres veces en una mañana, y ni siquiera para comprar pan...
Pedro fingía interesarse en la conversación de los mayores sobre el jornal, porque para eso era pescador; pero sabía que no le importaba demasiado. Llegaría a su casa y tendría algo que comer. Para llevar de comer estaba el padre y no él. Acaso un trozo de pan y un rebujón de pescado frito, pero ya era bastante. Desde pequeño –contemplaba su infancia sin haber salido de ella como algo muy distante- había comido poco, a veces nada, mas siempre había tenido el derecho a llorar, a protestar por la escasez. El que no lloraba ni protestaba era su padre, que lo miraba todo con unos ojos muy pequeños, como queriendo llorar y protestar con odio.
-Pedro, lleva el cesto a la vieja y que se dé prisa en vender todo ese lastre.
Pedro se bajó los pantalones largos de color de arcilla, recogios a medio muslo.
-¿A la tarde afanamos? –preguntó.
-Se verá. Hay que contar con la mar. Te avisará, al pasar, Luciano.
Los pescadores extendían la red sobre la playa. Algunos niños se divertían cogiendo pececillos minúsculos enmallados; otros iban detrás de Pedro tocando el pulpo temerosamente. Pedro se volvía hacia ellos:
-Largo muchachos; ¿es que nunca habéis visto un pulpo?
Les lanzaba arena con los pies.
-Largo, largo, largo...
Dijo una frase obscena...
Llegó donde la vieja. La vieja estaba sentada en el escalón del umbral de la casa. Miraba distraída.
-Nada, ¿verdad? –dijo.
-Poco; se dio mal toda la mañana –contestó Pedro.
-Bueno, deja eso ahí; ahora saldré a ver lo que dan. Venancio quiere muchas cosas. Ya te puedes ir; aquí no pintas nada.
La vieja tenía un genio malo. Solía beber. Bebía aguardiente, a veces con agua, a veces con pan, mojando en la copa migas que amasaba entre los dedos y arrancaba de un corrusco guardado en uno de los profundos bolsillos de su delantal. Pedro no se había marchado todavía.
-Que ya te puedes ir –repitió la vieja.
Pedro caminó hacia su casa. Iba pensando en el mar. Le gustaría ser pescador de mar, dejar de pescar desde la playa. Le gustaría salir con la traíña y estar encargado en ella de los faroles de petróleo. Y, sobre todo, hablar del viento de Levante. Decir al llegar a casa, con la superioridad del trabajador de mar: «Como siga esto así, vamos a comer piedras. El levante nos ha llenado la traíña tres veces de mar. Si no llega a ser por el señor Feliciano, nos vamos a fondo.» Y decir esto mirando a sus padres alternativamente. Ver los ojos del padre casi tristes, casi alegres; y los de la madre, temerosos; y contar a los hermanos cómo una morena le tiró un muerdo y él le dio con el cuchillo de partir el cebo en la cabecilla de bicha, y la tuvo a sus pies retorciéndose más de dos horas.
Le llamaban los amigos que estaban jugando con cajas de cerillas.
-¿Juegas, Sánchez?
Estaban en corro sobre el sucio principio de la playa.
-Ahora no, voy a casa. Esta tarde tenemos faena.
Y una voz:
-Los de la Tres Hermanos han venido hasta arriba de pesca. Nadie sabe cómo se las han arreglado. Es el señor Feliciano, que tiene ojo de gato para esas cosas.
Pescar en la traíña del señor Feliciano era el deseo de todos lo muchachos de la playa. Pero el señor Feliciano no llevaba muchachos en su embarcación, porque pensaba que estaría mal que un niño ganase por ir con él más que su padre, que pescaba de playa o que estaba en otra lancha con poca fortuna.
Al pasar junto a la taberna de Sixto, se asomó.
-Hola, padre.
El padre de Pedro y el señor Feliciano estaban celebrando la pesca. Se había vendido bien en Vélez.
-¡De modo que tú ya andas en la labor! Bueno, hombre, bueno –dijo el señor Feliciano.
-Aprendiendo –aclaró el padre.
Pedro miraba fijamente al señor Feliciano.
-¿Quieres una copa? ¿Qué tomas?
-Un pintao –respondió Pedro.
-Pon al chico un pintao –gritó el señor Feliciano-. ¿Qué tal se dio hoy? Venancio sabe mucho; hay que largar donde él diga. Él sabe mucho de eso. Claro que las playas andan mal de pesca... Vete haciendo ojo. El año que viene, que paco se marcha al servicio... Bueno, ya hablaré con tu padre; ya se lo diré a él cuando sea.
Dejaron de hacerle caso y siguieron hablando de toreros, a los que no habían visto nunca torear. Pedro se bebió un vaso y dijo adiós. Al salir, el padre le llamó:
-Dile a tu madre que ya voy para allá.
Pedro movió la barbilla y cerró los ojos, asintiendo.
La madre de Pedro estaba sentada en el escalón del umbral de la puerta. Cosía algo. Preguntó:
-¿Qué tal se os dio?
-Mal, madre.
-Traes hambre. Anda, pasa. Encima de la hornilla hay pescado. Ojo, que hay que repartirlo. ¿Has visto a tu padre?
No daba lugar a las contestaciones; hablaba rápida, andaluzamente.
-Estará tomándose sus copas. Lo mismo da sacar buen jornal que malo. Hoy de juerga, mañana de queja. Así va todo.
-Hoy han tenido suerte –comentó Pedro-; el señor Feliciano tiene ojo de gato para la pesca.
-El señor Feliciano no tiene familia que mantener como tu padre; se puede gastar lo que gane con quien le dé la gana.
-Puede que el año que viene... paco se marcha al servicio. Ha dicho que hablará con padre. En casa de Sixto...
-Los hombres debían pensar más las cosas cuando se casan. Creerá que os voy a alimentar de aire.
-Cuando Paco se marche al servicio... Me ha dicho que vaya haciendo ojo...
-Vendrá cuando quiera, claro está, y supongo que bebido.
-Me ha invitado a un pintao. Aprecia al señor Venancio. Dice que hay que hacerle mucho caso en los lances, porque sabe mucho de eso... Lo que pasa es que las playas...
Pedro miraba a través de la puerta la playa y el mar. La madre dejó un momento la labor.
-Sin comer no se puede trabajar. Anda y come algo.
Pedro seguía mirando la playa y el mar.
-Aviva, que ya te quedará tiempo para trabajar durante toda la vida.
Pedro entró lentamente en la cocina. En el rescoldo de la hornilla había un plato de porcelana desportillado con un montón de pescado. Sobre los azulejos partidos, media hogaza de pan. Cortó un trozo y mascó sin ganas. La ventana de la cocina daba a una calle de polvo y suciedad, hecha entre dos filas de casas de una sola planta. Al sol del otoño dormitaba un perro. Las moscas s agolpaban en huellas de humedad. El vecindario vertía el agua sucia en la calle. Pedro apretó dos o tres pescados sobre el pan y salió a la puerta que daba sobre la playa. Mascaba, lenta, concienzudamente. Volvió la vista a la derecha y vio a su padre, que se acercaba. Dos delos hermanos pequeños de Pedro venían cogidos de sus manos. El padre sonreía. Llegó.
-Hola, María –hablaba lentamente-; hoy hemos salido bien. Tengo una buena noticia para ti, Pedro: Feliciano ha hablado con Venancio. Hoy te vas a venir con nosotros.
Pedro apretaba el pan y el pescado fuertemente. El padre continuó:
-De prueba. Te encargarás de las farolas; es sencillo. Ya te enseñaremos.
-Ya sé, padre.
-Bueno, te enseñaremos de nuevo, aunque digas que ya sabes.
El padre entró en la casa. Los hermanos de Pedro quedaron con la madre. La madre comenzó a hablar en voz baja, rabiosamente. Dijo por fin:
-A ver si ahora te haces un zángano como los otros, Pedro.
Pedro no la escuchaba. Entró en la cocina, donde el padre estaba comiendo.
-¿Qué ha dicho de mí padre?
-Lo dicho, que te vienes esta noche con nosotros; que cree que te puede hacer un sitio. Ya puedes hacerlo bien...
-Pero no ha dicho nada más.
¿Qué quieres que dijera, criatura? Ha dicho lo que ha dicho y es bastante.
Pedro volvió la vista.
-Podía haber dicho algo.
Pedro dejó la cocina.
Andaba ya por la playa. Iba mirando las embarcaciones varadas. Aspiraba el olor de la brea, el de las redes puestas a secar. Se acercó a la traíña Tres Hermanos. De vez en vez mordía el pan y el pescado. Dio una vuelta en torno a ella, pasando lentamente la mano vacía por sus costados. Terminó el pan y el pescado. Se tendió al sol. La lancha daba una breve sombra de mediodía pasado.
Pedro cerró los ojos. Los abrió. Las olas acababan suavemente en la playa. Cerró los ojos y escuchó como un gruñido o como un estertor: la mar.
viernes, julio 07, 2006
DESCUBRE TU PUNTO JE- JE
Puede ser en cualquier otra ocasión, pero verano es tiempo de navegar. Y, surcando los procelosos océanos de internet, he encontrado un blog muy divertido. Como muestra se leerá lo que sigue y, luego, que cada cual obre como crea conveniente.
De ENHUMORADOS, un blog de Frnacisco Santana Santos
http://www.canarias7.es/blogs/enhumorados/2006/06/humor_y_amor_sexo.html#more
DESCUBRE TU PUNTO JE-JE!
Un estudio de campo realizado entre las tribus gunga-gunga por la Profesora lituana Marulas Lalerdas propicia el descubrimiento del PUNTO JE, JE.
He aquí una nueva ocasión de encontrarnos para profundizar en lo que parece ser una espiral ascendente de humor de consecuencias imprevisibles si nadie lo remediara o remediase, que se puede decir de las dos maneras.Pero nuestro compromiso con la ciencia, con la humanidad, con la vida, y -hablando en términos coloquiales como diría mi abuela-, con la inconmensurable ipseidad a priorística de la cosa en sí, nos obliga hacer algunas consideraciones acerca del tema que hoy nos ocupa. ¿Porqué el amor? ¿Por qué el humor? En principio las dos palabras se parecen bastante. Tienen dos sílabas, y acaban en mor. Sin embargo, éste no es motivo suficiente.La solución viene una vez más de la mano, o mejor de la pluma, bueno, de la pluma en la mano del genio investigador de la Profesora lituana afincada en Senegal, Marulas Lalerdas. Sí, una vez más es el genio creador de esta mujer, actualmente Catedrática de Ecología Sincrónica y Macramé Aplicado en la Universidad Militar de Mongui-mongui, quien en su última obra -causa principal de que resida en África- realiza un curioso estudio acerca de los hábitos sexuales de los habitantes de la tribu Gungabulungunga, a los que, por obvias dificultades de pronunciación, llamarenos los gunga de forma abreviada.La Profesora Lalerdas, en un estudio de campo realizado tierra adentro, es decir, en el campo, pudo y tuvo que convivir con los gunga durante casi tres meses. Fruto de este encuentro intenso y prolongado es su obra “Los gungabulungunga: amor y humor por un tubo", y, además, una extraña irritación en las ingles de la que aún no se ha recuperado.Cuenta la Profesora Marulas:“... mi principal interés era lograr vencer las reticencias de los gungas para lograr introducirme en sus cabañas y poder comprobar de primera mano el descubrimiento de sus ritos de apareamientos y juegos amorosos que acababan en carcajadas."Y continúa: “...pero mis investigaciones tropezaron al comienzo con la oposición frontal de algunos miembros notables de la tribu, los mungagungas. Sin embargo pude vencer su resistencia y, gracias a mi buena mano con los miembros más duros de la tribu, logré que adoptaran una postura menos rígida y mucho más relajada, más flexible y blanda, tras mi intervención."No voy a entrar en detalles del libro, porque no quiero perjudicar las ventas de la obra, bastantes mermadas ya por las copias piratas que su propia hija, Iyomas Lalerdas, ha realizado. Pero para hacer justicia a la Profesora Marulas Lalerdas debemos decir: primero, que su hija es idiota; segundo, que ha sido un acierto la idea de incluir con cada ejemplar de su libro una reproducción a tamaño natural de los atributos maculinos bunga-bunga en latex de última generación con sistema de suave vibración accionado por baterías, que ha disparado las ventas pero también las irritaciones inguinales; y, en tercer lugar, que su descubrimiento del punto je-je entre las mujeres y hombres gunga ha sido todo un hito en la historia de la sexología. De ella ha dicho ya -y por si acaso- el Sr. Rajoy: “...el punto jeje lo habrá descubierto la Marulas esa, pero a mí me lo descubrió Zapatero".En definitiva. En base a las teoría de Lalerdas ésta, podemos afirmar, sin temor a correr el riesgo de poder acertar y equivocarnos lo más mínimo, que existe un punto equis (X) equidistante entre las rodillas y las clavículas que, una vez descubierto y adecuadamente manipulado de forma manual o mecánica, provoca en manipulador y manipulando el convulsivo e irrefrenable deseo de emitir de forma rítmica y con gran deleite la sílaba “je". Así, “je, je, je, je". La presencia de estos característicos jedeos le han valido el apelativo de “punto je-je"Termino con unos versos populares y anónimos de amor, recogidos precisamente por Marula en una de sus noches de trabajo. Están en dialecto gunga-gunga-gunga el más gunga de los cuatro dialectos. Pero ella se ha atrevido a publicarlos a medio traducir a pesar de la insistencia de su confesor y siquiatra, el reverendo canario-alemán, Günter Ayose Curquejo Müller. Que sean los lectores quienes deduzcan el significado de los términos gunga en cursiva y que mantenemos en su forma original para no complicar aún más las cosas.
En la selva monga mongui
Te miré el tongui tongongo
Con un fulgor lantanganga
Y tu mano en mi molongo
Con el pongo que te pongo
Me dejaste malanganga.
¡que manganga más chupanga
Te grité sin munchingongo
Mientras, tu madre, chunganga
Me dejó tongalangongo
con dos palmos de mangangay
tres pares de molongo
De ti no tengo ni un mango
De ti solo tengo tongo
Pero si no me repongo
Tomando kiwi y bubango
Con papayas y chuchango
Me matará tu molongo
De ENHUMORADOS, un blog de Frnacisco Santana Santos
http://www.canarias7.es/blogs/enhumorados/2006/06/humor_y_amor_sexo.html#more
DESCUBRE TU PUNTO JE-JE!
Un estudio de campo realizado entre las tribus gunga-gunga por la Profesora lituana Marulas Lalerdas propicia el descubrimiento del PUNTO JE, JE.
He aquí una nueva ocasión de encontrarnos para profundizar en lo que parece ser una espiral ascendente de humor de consecuencias imprevisibles si nadie lo remediara o remediase, que se puede decir de las dos maneras.Pero nuestro compromiso con la ciencia, con la humanidad, con la vida, y -hablando en términos coloquiales como diría mi abuela-, con la inconmensurable ipseidad a priorística de la cosa en sí, nos obliga hacer algunas consideraciones acerca del tema que hoy nos ocupa. ¿Porqué el amor? ¿Por qué el humor? En principio las dos palabras se parecen bastante. Tienen dos sílabas, y acaban en mor. Sin embargo, éste no es motivo suficiente.La solución viene una vez más de la mano, o mejor de la pluma, bueno, de la pluma en la mano del genio investigador de la Profesora lituana afincada en Senegal, Marulas Lalerdas. Sí, una vez más es el genio creador de esta mujer, actualmente Catedrática de Ecología Sincrónica y Macramé Aplicado en la Universidad Militar de Mongui-mongui, quien en su última obra -causa principal de que resida en África- realiza un curioso estudio acerca de los hábitos sexuales de los habitantes de la tribu Gungabulungunga, a los que, por obvias dificultades de pronunciación, llamarenos los gunga de forma abreviada.La Profesora Lalerdas, en un estudio de campo realizado tierra adentro, es decir, en el campo, pudo y tuvo que convivir con los gunga durante casi tres meses. Fruto de este encuentro intenso y prolongado es su obra “Los gungabulungunga: amor y humor por un tubo", y, además, una extraña irritación en las ingles de la que aún no se ha recuperado.Cuenta la Profesora Marulas:“... mi principal interés era lograr vencer las reticencias de los gungas para lograr introducirme en sus cabañas y poder comprobar de primera mano el descubrimiento de sus ritos de apareamientos y juegos amorosos que acababan en carcajadas."Y continúa: “...pero mis investigaciones tropezaron al comienzo con la oposición frontal de algunos miembros notables de la tribu, los mungagungas. Sin embargo pude vencer su resistencia y, gracias a mi buena mano con los miembros más duros de la tribu, logré que adoptaran una postura menos rígida y mucho más relajada, más flexible y blanda, tras mi intervención."No voy a entrar en detalles del libro, porque no quiero perjudicar las ventas de la obra, bastantes mermadas ya por las copias piratas que su propia hija, Iyomas Lalerdas, ha realizado. Pero para hacer justicia a la Profesora Marulas Lalerdas debemos decir: primero, que su hija es idiota; segundo, que ha sido un acierto la idea de incluir con cada ejemplar de su libro una reproducción a tamaño natural de los atributos maculinos bunga-bunga en latex de última generación con sistema de suave vibración accionado por baterías, que ha disparado las ventas pero también las irritaciones inguinales; y, en tercer lugar, que su descubrimiento del punto je-je entre las mujeres y hombres gunga ha sido todo un hito en la historia de la sexología. De ella ha dicho ya -y por si acaso- el Sr. Rajoy: “...el punto jeje lo habrá descubierto la Marulas esa, pero a mí me lo descubrió Zapatero".En definitiva. En base a las teoría de Lalerdas ésta, podemos afirmar, sin temor a correr el riesgo de poder acertar y equivocarnos lo más mínimo, que existe un punto equis (X) equidistante entre las rodillas y las clavículas que, una vez descubierto y adecuadamente manipulado de forma manual o mecánica, provoca en manipulador y manipulando el convulsivo e irrefrenable deseo de emitir de forma rítmica y con gran deleite la sílaba “je". Así, “je, je, je, je". La presencia de estos característicos jedeos le han valido el apelativo de “punto je-je"Termino con unos versos populares y anónimos de amor, recogidos precisamente por Marula en una de sus noches de trabajo. Están en dialecto gunga-gunga-gunga el más gunga de los cuatro dialectos. Pero ella se ha atrevido a publicarlos a medio traducir a pesar de la insistencia de su confesor y siquiatra, el reverendo canario-alemán, Günter Ayose Curquejo Müller. Que sean los lectores quienes deduzcan el significado de los términos gunga en cursiva y que mantenemos en su forma original para no complicar aún más las cosas.
En la selva monga mongui
Te miré el tongui tongongo
Con un fulgor lantanganga
Y tu mano en mi molongo
Con el pongo que te pongo
Me dejaste malanganga.
¡que manganga más chupanga
Te grité sin munchingongo
Mientras, tu madre, chunganga
Me dejó tongalangongo
con dos palmos de mangangay
tres pares de molongo
De ti no tengo ni un mango
De ti solo tengo tongo
Pero si no me repongo
Tomando kiwi y bubango
Con papayas y chuchango
Me matará tu molongo
jueves, julio 06, 2006
EL CONTEMPLADO
Pedro Salinas es un poeta que siempre me gusta leer, sin embargo he de reconocer que la obra suya que más me ha impresionado es una narración en prosa que se llama LA BOMBA INCREIBLE... Me temo que esté descatalogada pero seguro que en las librerías de viejo o a través de internet podría encontrase algún ejemplar. Yo leí el que deben tener o tuvieron en la Biblioteca Pública Provincial de Guadalajara, España, y sólo apuntaré que es un texto que se empieza divertidamente, entre la sonrisa y la carcajada, y concluye con un regusto amargo a todas luces esclarecedor. Pero, nombrado el poeta, he aquí una pieza suya....
EL CONTEMPLADO
Pedro Salinas
De mirarte tanto y tanto,
de horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, pasmo a pasmo,
te he dado nombre; los ojos
te lo encontraron, mirándote.
Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz,
ya estaba en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
sde el día que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado!
miércoles, julio 05, 2006
ENCUENTRO CON LA BELLEZA
Dice el poeta cordobés Pablo García Baena entrevistado para BABELIA, suplemento del diario EL PAÍS, en ejemplar de éste sábado uno de julio: “ La belleza es la vida, con toda su complejidad. Hasta los basureros con las gaviotas pueden ser bellos. Esa terrible imagen de las gaviotas... Antes eran unos seres que se identificaban con la belleza del mar y ahora se han desplazado hasta la basura. Puede cambiar el sentido que teníamos de la belleza, pero hay hermosura en cualquier cosa por humilde que sea.” Pues bien, luego de reflexionar sobre tal aserto, polemizaría con el vate de tenerlo como interlocutor en este mismo momento. Y lo haría porque no me parece que la belleza pueda encontrarse en todos y cada uno de los rincones de este mundo o en cualquiera de los sucesos del existir. No la aprecié en los campos de exterminio nazis, por ejemplo, ni la considero ahora en los chulescos rostros de Txapote o de Otegui. No me parece posible en cualquiera que sea la manifestación de violencia tan habitual entre seres humanos. Mucho menos en aquellas de las que yo mismo soy autor. Pero, aunque puedan reconocerse los horrores del combate entre la gente, unas veces guerra, otras terrorismo, demasiadas pura y simple barbarie, inevitable testimonio de lo más odioso en cuanto a la condición de seres racionales que nos corresponde se refiere, ni siquiera desde una complacencia estética, tampoco en el caso de desproveerse de prejuicios y adoptar una actitud sensible hasta el más insignificante detalle, encuentro oportunidad para percibir destellos de ese bien que se admira con gozo. Incluso un trance de legítima defensa carece de resquicios desde los que apelar a esa presunción mencionada por García Baena. De modo que, quizás, donde hay que poner el acento es en otra cosa. Si hablo de la violencia como ejemplo de un territorio en el que la belleza me parece imposible- las gestas guerreras y los poemas épicos tuvieron razón de ser en otras edades cuando las circunstancias y valores de vida eran bien distintos- es por elegir nada más una parte del todo en el que podría decirse que predomina el obstáculo dicho. Pero lo cierto es que deberíamos poner a nuestro servicio, al particular y al comunitario, un talante despejado que propicie el hallazgo. La actitud valiente de los que son capaces de descubrir un latido de emoción en el seguramente inopinado actual dominio de las gaviotas, como señaló el acreditado autor de LOS CAMPOS ELÍSEOS, nuevo libro que, tras más de década y media de silencio, publica el autor de ochenta y seis años. Al fin pues, coincido con García Baena en la predisposición al encuentro con la belleza verificando- según creo que se debe hacer- que hay lugares en donde no es posible. Desconozco con seguridad si lo que postulo subyace entre las sabias palabras del poeta que traje a colación al principio de lo hasta aquí leído, pero, ahora que no está, me atrevo a creer que ese era el encuentro con la hermosura al que se refería.
martes, julio 04, 2006
DEL CALOR Y DEL CALOR
Decimos en invierno, cada vez que dialogamos con todo hijo de vecino, que hace mucho frío. Por lo mismo, en verano, casi antes que hola o adiós, antes que un abrazo o un beso, a la vez si se quiere que todo tipo de saludo, gemimos con éstas palabras: ¡Hace mucho calor!... Y, puesto que son evidencias que se proponen como hallazgos que trasformarán la vida de quien reciba la noticia, puesto que todo parece residir en cierta ignorancia de lo que supone una estación climatológica extrema, seguramente producida por la licuación mental que se produce en nuestros cerebros a causa de las altas temperaturas, ya que estoy un poco harto de escuchar y de decir, por ejemplo en verano, que hace mucho calor, he aquí un diccionario posible. Pensando en las viñetas veraniegas del Forges, me dispongo a redactar el DICCIONARIO DEL VERANO. Y, decidido a ello, me atrevo a afirmar que:
ARENA es: superficie blanda pero muy caliente por la que se camina- con suerte, entre ser humano y ser humano, mientras se acerca uno a la orilla del santo mar que corresponda. Suele ser granulada de mayor o menor diámetro, que, niños sobre todo, y otros paseantes, espolvorean sobre aquel que descansa tranquilamente sobre su toalla.
BALONES son: como las pelotitas de todo tamaño y uso, esfera para jugar que suele tener un mismo destino: cualquier parte del cuerpo de una persona ajena a la peripecia lúdica mencionada.
BAÑO es: inmersión en agua que se hace en bañeras, piscinas y playas. En éste último caso, como en las piscinas, posible si se encuentra un metro cúbico de agua que no tenga ya dueño o esté libre de orines.
BRONCEADOR es: aceite que sirve para condimentar mejor la carne que se pone “al buen moreno” en las parrillas litorales.
CALOR es: sensación agobiante producto de las altas temperaturas veraniegas que se combate con abanico, botijo y tinto de verano. Seguramente si la gente empleara menos energía en anunciar lo obvio- que hace calor- dejaría de contribuir al horneamiento general pudiendo aprovechar esos interminables lamentos en refrescarse.
CAMPAMENTOS DE VERANO son: guarderías rurales en las cuales los niños aprenden qué es una araña, el picor de las abejas, o la sinuosidad de una culebra, total para regresar antes de tiempo. Es decir: antes de que comience de nuevo el curso escolar.
CHIRINGUITO es: puesto de comidas casi al aire libre y sin casi, donde repostan los veraneantes jugándose una indigestión a la ruleta rusa de la paella popular. Acuden a tal práctica entre tueste y tueste de sí mismos.
INDIGESTIÓN es: trastorno gástrico que acontece tras una sesión de chiringuito.
LAMENTOS son: dolor manifiesto o disgusto que muestra todo hijo de vecino cuando se encuentra con otro e incluso a solas. Se trata de proclamar lo que ya se sabe- que hace calor- pero como si en realidad fuéramos portadores de una exclusiva periodística.
MAL DE LAS VACACIONES es: fastidio enorme por tener que abandonar los lugares de tortura que eligieron los veraneantes causa de trastornos diversos muy comentados luego en la tele, en el bar, en las peluquerías y, ya cuando no hay más remedio, en el centro médico.
MEDUSAS son: criaturas marinas, estéticamente curiosas, que termina pareciéndonos lo que el mosquito si nos pica.
MONTAÑA es: destino de vacaciones que si no se arrasa por fuego o es depósito indiscriminado de desperdicios, suele dar escaso juego a la hora de contar odiseas vacacionales a las amistades cuando se produce el retorno o regreso.
MORENO es: tatuaje que cubre uniformemente toda la piel expuesta al sol cuya tonalidad posible oscila entre la de la leche manchada de café y el carbón de las minas leonesas. Es tanto más apreciado en cuanto que la piel del candidato a moreno, o la candidata, tengan una coloración predominantemente blanquita. Se consigue tras varias horas vuelta y vuelta sobre la parrilla litoral.
MOSCAS son: inevitables golosas que voláis como abejas, según don Antonio Machado
MOSQUITO es: insecto cabrón y que solo merece la muerte.
OLA DE CALOR es: suceso del que informan los medios de comunicación cuando es verano y, como en todos los veranos, las temperaturas son altas. De ser bajas, nadie consideraría que es verano y, por lo tanto, las olas de calor carecen de atención alguna.
PARQUES ACUÁTICOS son: recintos de expansión infantil, aunque también para todas las edades, dónde se derrocha el agua cuando hay sequía igual que se derrochó antes de que la hubiera
PARRILLA LITORAL es: Véase playa
PEDREGAL es: territorio de playa cuyo suelo es solo de piedras. Es decir, impracticable a menos que se calcen botas y, si se prefiere el asiento, se disponga de una colchoneta de estimable grosor.
PELOTAS: ver balones pero sin olvidar que se trata también de un término equivalente a testículos y ovarios manifiestamente hinchados por cuestiones de arena no deseada, calor, padecimientos de chiringuito, moreno sin adquirir, ruido etc.
PLAYA es: aglomeración humana que huele a aceite bronceador y a carne quemada generalmente lugar para el tueste de los que desean ponerse morenos.
RUIDO es: bramido propio o mediante artefactos que causan amigos, familiares, vecinos y extraños, manifestándose con el máximo de decibelios posible justo cuando el receptor de la andanada más desea la paz. Suele ocurrir con los idiotas a dos ruedas y tubo de escape libre, los tertulianos de balcón que vociferan como si fueran una comunidad de semisordos y los amigos de las variedades- televisión o aparatos de alta fidelidad- incapaces de disfrutar de las cosas sin procurar la rotura de tímpanos ajena.
SOL es: astro, estrella que da luz y calor a la Tierra muy apreciado excepto cuando los telediarios dicen que viene una ola de calor.
SEQUÍA es: periodo sin lluvias que suscita el descontento general y las consiguientes quejas por falta de agua- nadie por eso prescinde de las piscinas privadas ni publicas, ni evita regar los jardines, ni se abstiene de derrochar el líquido elemento como siempre- y que, si se interrumpe, especialmente en verano, origina un serio malestar entre los afectados.
TERRAZAS son: barricadas comerciales que ocupamos los ciudadanos a fin de conversar mientras nos refrescamos o tomamos una tapita y generalmente causantes del insano número de maniobras a las que está condenado el peatón que por su natural lugar de paso pretenda desplazarse. Sinónimos de esta expresión son otras que, por decoro, conviene silenciar.
TUESTE es: acto de tenderse sobre una toalla durante las horas solares más candentes a la espera de alzarse con un nuevo y chamuscado tono de piel.
VACACIONES son: un periodo de descanso que los trabajadores utilizan, tal como se explica cuando se habla de verano, en ponerse enfermos.
En el caso de que se considere que a esta lista le faltan palabras propias del verano, sépase que el autor de la misma se cansó de volver sobre lo mismo una y otra vez como si no tuviera que hacer otra cosa.
Gracias.
He dicho.
ARENA es: superficie blanda pero muy caliente por la que se camina- con suerte, entre ser humano y ser humano, mientras se acerca uno a la orilla del santo mar que corresponda. Suele ser granulada de mayor o menor diámetro, que, niños sobre todo, y otros paseantes, espolvorean sobre aquel que descansa tranquilamente sobre su toalla.
BALONES son: como las pelotitas de todo tamaño y uso, esfera para jugar que suele tener un mismo destino: cualquier parte del cuerpo de una persona ajena a la peripecia lúdica mencionada.
BAÑO es: inmersión en agua que se hace en bañeras, piscinas y playas. En éste último caso, como en las piscinas, posible si se encuentra un metro cúbico de agua que no tenga ya dueño o esté libre de orines.
BRONCEADOR es: aceite que sirve para condimentar mejor la carne que se pone “al buen moreno” en las parrillas litorales.
CALOR es: sensación agobiante producto de las altas temperaturas veraniegas que se combate con abanico, botijo y tinto de verano. Seguramente si la gente empleara menos energía en anunciar lo obvio- que hace calor- dejaría de contribuir al horneamiento general pudiendo aprovechar esos interminables lamentos en refrescarse.
CAMPAMENTOS DE VERANO son: guarderías rurales en las cuales los niños aprenden qué es una araña, el picor de las abejas, o la sinuosidad de una culebra, total para regresar antes de tiempo. Es decir: antes de que comience de nuevo el curso escolar.
CHIRINGUITO es: puesto de comidas casi al aire libre y sin casi, donde repostan los veraneantes jugándose una indigestión a la ruleta rusa de la paella popular. Acuden a tal práctica entre tueste y tueste de sí mismos.
INDIGESTIÓN es: trastorno gástrico que acontece tras una sesión de chiringuito.
LAMENTOS son: dolor manifiesto o disgusto que muestra todo hijo de vecino cuando se encuentra con otro e incluso a solas. Se trata de proclamar lo que ya se sabe- que hace calor- pero como si en realidad fuéramos portadores de una exclusiva periodística.
MAL DE LAS VACACIONES es: fastidio enorme por tener que abandonar los lugares de tortura que eligieron los veraneantes causa de trastornos diversos muy comentados luego en la tele, en el bar, en las peluquerías y, ya cuando no hay más remedio, en el centro médico.
MEDUSAS son: criaturas marinas, estéticamente curiosas, que termina pareciéndonos lo que el mosquito si nos pica.
MONTAÑA es: destino de vacaciones que si no se arrasa por fuego o es depósito indiscriminado de desperdicios, suele dar escaso juego a la hora de contar odiseas vacacionales a las amistades cuando se produce el retorno o regreso.
MORENO es: tatuaje que cubre uniformemente toda la piel expuesta al sol cuya tonalidad posible oscila entre la de la leche manchada de café y el carbón de las minas leonesas. Es tanto más apreciado en cuanto que la piel del candidato a moreno, o la candidata, tengan una coloración predominantemente blanquita. Se consigue tras varias horas vuelta y vuelta sobre la parrilla litoral.
MOSCAS son: inevitables golosas que voláis como abejas, según don Antonio Machado
MOSQUITO es: insecto cabrón y que solo merece la muerte.
OLA DE CALOR es: suceso del que informan los medios de comunicación cuando es verano y, como en todos los veranos, las temperaturas son altas. De ser bajas, nadie consideraría que es verano y, por lo tanto, las olas de calor carecen de atención alguna.
PARQUES ACUÁTICOS son: recintos de expansión infantil, aunque también para todas las edades, dónde se derrocha el agua cuando hay sequía igual que se derrochó antes de que la hubiera
PARRILLA LITORAL es: Véase playa
PEDREGAL es: territorio de playa cuyo suelo es solo de piedras. Es decir, impracticable a menos que se calcen botas y, si se prefiere el asiento, se disponga de una colchoneta de estimable grosor.
PELOTAS: ver balones pero sin olvidar que se trata también de un término equivalente a testículos y ovarios manifiestamente hinchados por cuestiones de arena no deseada, calor, padecimientos de chiringuito, moreno sin adquirir, ruido etc.
PLAYA es: aglomeración humana que huele a aceite bronceador y a carne quemada generalmente lugar para el tueste de los que desean ponerse morenos.
RUIDO es: bramido propio o mediante artefactos que causan amigos, familiares, vecinos y extraños, manifestándose con el máximo de decibelios posible justo cuando el receptor de la andanada más desea la paz. Suele ocurrir con los idiotas a dos ruedas y tubo de escape libre, los tertulianos de balcón que vociferan como si fueran una comunidad de semisordos y los amigos de las variedades- televisión o aparatos de alta fidelidad- incapaces de disfrutar de las cosas sin procurar la rotura de tímpanos ajena.
SOL es: astro, estrella que da luz y calor a la Tierra muy apreciado excepto cuando los telediarios dicen que viene una ola de calor.
SEQUÍA es: periodo sin lluvias que suscita el descontento general y las consiguientes quejas por falta de agua- nadie por eso prescinde de las piscinas privadas ni publicas, ni evita regar los jardines, ni se abstiene de derrochar el líquido elemento como siempre- y que, si se interrumpe, especialmente en verano, origina un serio malestar entre los afectados.
TERRAZAS son: barricadas comerciales que ocupamos los ciudadanos a fin de conversar mientras nos refrescamos o tomamos una tapita y generalmente causantes del insano número de maniobras a las que está condenado el peatón que por su natural lugar de paso pretenda desplazarse. Sinónimos de esta expresión son otras que, por decoro, conviene silenciar.
TUESTE es: acto de tenderse sobre una toalla durante las horas solares más candentes a la espera de alzarse con un nuevo y chamuscado tono de piel.
VACACIONES son: un periodo de descanso que los trabajadores utilizan, tal como se explica cuando se habla de verano, en ponerse enfermos.
En el caso de que se considere que a esta lista le faltan palabras propias del verano, sépase que el autor de la misma se cansó de volver sobre lo mismo una y otra vez como si no tuviera que hacer otra cosa.
Gracias.
He dicho.
lunes, julio 03, 2006
MÁS DE CUARENTA MUERTOS EN EL METRO DE VALENCIA
3 DE jULIO DE 2006. Más de cuarenta muertos hoy en Valencia. Más de cuarenta que regresaban a sus casas o emprendían una jornada de trabajo y que ya no pasearán por la capital levantina al accidentarse un convoy del metro. No hubo asesinos de por medio. Habrá que averiguar si existió imprudencia, la vía no estaba adecuada para la circulación o, simplemente, un problema mecánico precipitó la tragedia, pero no por eso duelen menos los muertos. Por un momento se repitío en mi mente la inolvidable masacre de aquel horrible once de marzo... Es un fantasma que regresará siempre.
ELEGÍA PRIMERA
Miguel Hernández
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.
Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.
El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.
Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.
Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.
Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.
Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.
¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste,
y sólo quieres ya el paraíso de los ataúdes.
Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.
Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma y de arrullos
el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.
Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.
Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.
¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.
Muere un poeta y la creación
se siente herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.
Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.
No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.
Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.
Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.
Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.
ELEGÍA PRIMERA
Miguel Hernández
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.
Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.
El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.
Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.
Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.
Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.
Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.
¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste,
y sólo quieres ya el paraíso de los ataúdes.
Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.
Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma y de arrullos
el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.
Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.
Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.
¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.
Muere un poeta y la creación
se siente herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.
Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.
No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.
Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.
Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.
Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.
domingo, julio 02, 2006
LLANTOS SIN FUNDAMENTO
Unos lloran porque los representantes de sus países en Alemania para disputar la Copa del Mundo de Fútbol, han sido eliminados. Otros se quejan de la “amenaza” que se cierne sobre ellos, como conductores, a causa de la entrada en vigor del CARNET DE CONDUCIR POR PUNTOS. Los primeros viven como una tragedia sin consuelo posible la derrota de once hombres que disputan un balón con otros once hombres, en este caso vestidos conforme a los colores de un estado. Sufren cual si les hubieran arrancado algo importantísimo y a fe mía que debe serlo. ¿Por qué? Porque no de otro modo pueden entenderse las muestras de dolor que los partidarios de unos u otros equipos hacen en público. Un quebranto directamente proporcional al alborozo triunfante del que hacen gala aquellos que aclamaron a la “tropa” vencedora. Para muchos, la asombrosa movilización de miles y miles de personas que, sin embargo, ante tantas cosas diarias que merecen festejo y, sobre todo, muestras de indignación y de tristeza, obran con notoria indiferencia. Son los mismos que, sin necesidad de que nadie les convoque o se preocupe de organizarlos, usan uniformes y se pintan los rostros para que se sepa de qué lado están, actitud que también podrían tener como simples ciudadanos que tienen inquietudes y se sienten aludidos por los asuntos que se dirimen en el día a día de la vida... No ha sido el mismo empaque de esos otros “plañideros y plañideras” que se dan golpes de pecho al comprobar que, si continúan saltándose las normas de conducción como suelen, perderán puntos hasta ser despojados del permiso de conducir y, tras un tiempo determinado, si desean recobrar su derecho, habrán de realizar un curso de reeducación y una prueba examen que les costará un dinerito. Para estos imprudentes llorones y dados a campar por sus respetos, toda infracción es un hecho de no demasiada importancia al que, en la mayoría de los casos, se han visto obligados y del que tiene la culpa el estado de la carretera, la manía que les tiene la autoridad o el vecino. Desde luego, lo que parece claro es que el automovilista que circula de acuerdo a las normas de tráfico y extremando la moderación al volante nada debe temer. Si se quejan es que algo temen y si temen es porque habitualmente se ponen y ponen a los demás en riesgo. De modo que unos hacen de la suerte en un lance de noventa minutos vivencia capital que produce tremendas alegrías o llantos torrenciales y otros gimen porque se lo van a poner más difícil para que sigan haciendo los que les dé la gana por las carreteras. Unos laten para bien o para mal en lo pueril y otros pícaros como poco claman por tiempos mejores a pesar de lo sangrientas que son las carreteras a las que salen cada jornada. Otro mísero retrato de la sociedad.
sábado, julio 01, 2006
¿FÚTBOL ES POESÍA?
Hace unos días, mientras Argentina, la selección de futbolistas, sufría en la prórroga para vencer a Méjico, Ángel Cappa, entrenador de fútbol, argentino, que fue segundo de Jorge Valdano en el Real Madrid, manifestó no sentirse nervioso. Le interpelaron en la radio por cuyos micrófonos ejerció de comentarista, acerca de lo difícil que podían ser para él esos momentos. Y el deportista declaró que solía ver los partidos con cierta distancia emocional... Un servidor, español y residente en España, no se siente trágicamente contrariado tras la enésima derrota del equipo nacional. Ni siquiera me tembló el pulso cuando Zidán, al que desde la prensa española se dio por jubilado, “ejecutó” a los once de Luis Aragonés, de “zapatones”, marcando el último gol para Francia. Pero lo que sigue, tal vez sirva para entender- cosa que a mí me cuesta mucho- lo que pasa por la mente y el corazón de un forofo cualquiera...
Fútbol es Poesía
De... BeGeek
Internet, noticias, tecnologia, cultura ‘geek’, deportes, tv…y mucho Mundial’06
http://www.nodo32.com/begeek/archives/285
En:Deportes, Curiosidades — posted por RuBeN on 16 June 2006 @ 12:57 am
Un hincha de Boca, argentino por supuesto, me hace llegar a través de su pareja (gracias Mali) este poema dedicado a todos los amantes del fútbol. La verdad es que me ha encantado. Genial como la forma de vivir el fútbol de los argentinos y de los hinchas de Boca (que son la mitad más uno de Argentina, aunque parte de la culpa de esto seguro que la tiene el Diego).
PARA LOS AMANTES DEL FÚTBOLUNA POESÍA DE LA VIDA Y EL FÚTBOL
• Cómo vas a saber lo que es el amor si nunca te hiciste hincha de un club
• Cómo vas a saber qué es el dolor si jamás un zaguero te azotó la tibia y el peroné
• Cómo vas a saber lo que es el placer si nunca ganaste un clásico barrial
• Cómo vas a saber lo que es llorar si jamás perdiste un clásico sobre la hora con un penal dudoso
• Cómo vas a saber lo que es el cariño si nunca acariciaste la redonda de chanfle entrándole con el revés del pie en el cachete para dejarla jadeando bajo la red
• Cómo vas a saber lo que es la solidaridad si jamás saliste a dar la cara por un compañero golpeado sin fe desde atrás
• Cómo vas a saber lo que es la poesía si nunca tiraste una gambeta
• Cómo vas a saber lo que es la humillación si jamás te hicieron un caño
• Cómo vas a saber lo que es la amistad si nunca devolviste una pared
• Cómo vas a saber lo que es un orgasmo si jamás diste una vuelta de visitante
• Cómo vas a saber lo que es el pánico si nunca te sorprendieron mal parado de contragolpe
•Cómo vas a saber lo que es morir un poco si jamás fuiste a buscar la pelota adentro del arco
•Cómo vas a saber lo que es la izquierda si nunca jugaste en equipo
• Cómo vas a saber lo que es la xenofobia si en ninguna cancha te gritaron “negro de mierda”
•Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás te paraste bajo los tres palos a doce pasos de un fusilero dispuesto a acabar con tus esperanzas
• Cómo vas a saber lo que es el egoísmo si nunca hiciste una de más cuando tenías que dársela al nueve que estaba mejor ubicado que vos
• Cómo vas a saber lo que es el arte si nunca inventaste una rabona
• Cómo vas a saber lo que es la música si jamás cantaste haciendo equilibrio sobre un “paralabalancha”
• Cómo vas a saber lo que es el suburbio si nunca te paraste de wing
• Cómo vas a saber lo que es el barro si nunca te tiraste a los pies de nadie para mandar la pelota sobre un lateral
• Cómo vas a saber lo que es la injusticia si nunca te sacó tarjeta roja un referí localista
• Cómo vas a saber lo que es el odio si nunca hiciste un gol en contra
• Cómo vas a saber lo que es la vida, si nunca, jamás, jugaste al fútbol.
Fútbol es Poesía
De... BeGeek
Internet, noticias, tecnologia, cultura ‘geek’, deportes, tv…y mucho Mundial’06
http://www.nodo32.com/begeek/archives/285
En:Deportes, Curiosidades — posted por RuBeN on 16 June 2006 @ 12:57 am
Un hincha de Boca, argentino por supuesto, me hace llegar a través de su pareja (gracias Mali) este poema dedicado a todos los amantes del fútbol. La verdad es que me ha encantado. Genial como la forma de vivir el fútbol de los argentinos y de los hinchas de Boca (que son la mitad más uno de Argentina, aunque parte de la culpa de esto seguro que la tiene el Diego).
PARA LOS AMANTES DEL FÚTBOLUNA POESÍA DE LA VIDA Y EL FÚTBOL
• Cómo vas a saber lo que es el amor si nunca te hiciste hincha de un club
• Cómo vas a saber qué es el dolor si jamás un zaguero te azotó la tibia y el peroné
• Cómo vas a saber lo que es el placer si nunca ganaste un clásico barrial
• Cómo vas a saber lo que es llorar si jamás perdiste un clásico sobre la hora con un penal dudoso
• Cómo vas a saber lo que es el cariño si nunca acariciaste la redonda de chanfle entrándole con el revés del pie en el cachete para dejarla jadeando bajo la red
• Cómo vas a saber lo que es la solidaridad si jamás saliste a dar la cara por un compañero golpeado sin fe desde atrás
• Cómo vas a saber lo que es la poesía si nunca tiraste una gambeta
• Cómo vas a saber lo que es la humillación si jamás te hicieron un caño
• Cómo vas a saber lo que es la amistad si nunca devolviste una pared
• Cómo vas a saber lo que es un orgasmo si jamás diste una vuelta de visitante
• Cómo vas a saber lo que es el pánico si nunca te sorprendieron mal parado de contragolpe
•Cómo vas a saber lo que es morir un poco si jamás fuiste a buscar la pelota adentro del arco
•Cómo vas a saber lo que es la izquierda si nunca jugaste en equipo
• Cómo vas a saber lo que es la xenofobia si en ninguna cancha te gritaron “negro de mierda”
•Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás te paraste bajo los tres palos a doce pasos de un fusilero dispuesto a acabar con tus esperanzas
• Cómo vas a saber lo que es el egoísmo si nunca hiciste una de más cuando tenías que dársela al nueve que estaba mejor ubicado que vos
• Cómo vas a saber lo que es el arte si nunca inventaste una rabona
• Cómo vas a saber lo que es la música si jamás cantaste haciendo equilibrio sobre un “paralabalancha”
• Cómo vas a saber lo que es el suburbio si nunca te paraste de wing
• Cómo vas a saber lo que es el barro si nunca te tiraste a los pies de nadie para mandar la pelota sobre un lateral
• Cómo vas a saber lo que es la injusticia si nunca te sacó tarjeta roja un referí localista
• Cómo vas a saber lo que es el odio si nunca hiciste un gol en contra
• Cómo vas a saber lo que es la vida, si nunca, jamás, jugaste al fútbol.
viernes, junio 30, 2006
PASEANDO EN BICICLETA
A veces se producen trasvases de letras, algo de lo que es recepetor este espacio cibernético. Y si esas letras forman valiosas palabras, es como para conferir honor al sitio que las reciba. Es el caso hoy y ahora, con el verbo lírico de una poeta americana que mira el mundo, aprecia sus latidos y los describe proponiendo un universo propio.... Felicidades para los que elijan esta lectura.
PASEANDO EN BICICLETA
Un hombre roto me mira,
mientras una sombra se queda...
Un borracho me escucha
tiene los ojos verdes
pero no sabe de esperanzas...
Un gusano pasa corriendo
mientras una hoja seca
levanta el reclamo del viento.
Una Barbie descompuesta
al borde del camino
se duerme mientras pasa el invierno.
Una rama golpea esta ventana
para anunciar un algo
llamado ausencia.
Una voz milenaria en mi carne
nombra mis ocho letras
y una nube viene a decirme
que el olvido no llega.
Una estrella fugaz
se lleva al hombre roto
lo golpea de pies y manos
para cantar un verbo
que se diga con los pasos,
que se quede en la memoria
de esta ropa colgada en el tiempo...
Tal vez algún día
las arañas y las mariposas
conversen de mi alma...
La una me lleve alto,
da lo mismo si al infierno.
Y la otra circule en un vagón cerrado
como baúl de algún recuerdo...
Todos los borrachos me miran
las arañas me saludan
un hombre roto me oye
y un candado de estaciones
aguarda mi esqueleto
de retorcidos huesos.
FATAMORGANA: Patricia Lara Arraigada
http://www.loscuentos.net/cuentos/link/210/210481/
PASEANDO EN BICICLETA
Un hombre roto me mira,
mientras una sombra se queda...
Un borracho me escucha
tiene los ojos verdes
pero no sabe de esperanzas...
Un gusano pasa corriendo
mientras una hoja seca
levanta el reclamo del viento.
Una Barbie descompuesta
al borde del camino
se duerme mientras pasa el invierno.
Una rama golpea esta ventana
para anunciar un algo
llamado ausencia.
Una voz milenaria en mi carne
nombra mis ocho letras
y una nube viene a decirme
que el olvido no llega.
Una estrella fugaz
se lleva al hombre roto
lo golpea de pies y manos
para cantar un verbo
que se diga con los pasos,
que se quede en la memoria
de esta ropa colgada en el tiempo...
Tal vez algún día
las arañas y las mariposas
conversen de mi alma...
La una me lleve alto,
da lo mismo si al infierno.
Y la otra circule en un vagón cerrado
como baúl de algún recuerdo...
Todos los borrachos me miran
las arañas me saludan
un hombre roto me oye
y un candado de estaciones
aguarda mi esqueleto
de retorcidos huesos.
FATAMORGANA: Patricia Lara Arraigada
http://www.loscuentos.net/cuentos/link/210/210481/
jueves, junio 29, 2006
FUERA DE JUEGO
Era exactamente como lo soñó. Así, puesto que nunca quiso saber de otros haciendo realidad sus sueños. Y, como en sus sueños, la sociedad con Mari Pili, la hembra madre de todas las del burdel PERIQUITAS, dónde Bonifacio Gómez, el portero suplente del Rayo Zapardiel, bebió hasta emborracharse: tanto como para que sus arterias rezumaran orujo. Como en sus sueños el agua sucia que mezcló con los tragos isotónicos que tomaba el arquero titular antes de iniciar la segunda mitad de cada partido. Y, como en sus sueños, descartado Gómez antes del encuentro por coma etílico, con diarrea inexplicable “atrapalotodo”desde hacía diez minutos, ahora en el ochenta y cinco de la segunda mitad, castigados con un penalti que él mismo provocó, llegaba el momento de la verdad. Si lo paraba, como en sus sueños, la afición perdonaría el placaje que le hizo al delantero centro rival: bastaba un empate para lograr el campeonato. Y, si lo paraba, que lo iba a parar, estaba convencido, Clotilde la hija del presidente del club, no se le resistiría más. Fue entonces cuando el árbitro pitó para que se lanzara la pena máxima.
“Claro que paré el penalti, claro que lo paré, pero no pienso bajarme de aquí. Ni que me lo pida usted ni el capitán general de los bomberos. Y si cada vez que se me caiga el balón no me dan otro, o viene Clotilde, o me tiro”
Al final le convencieron y aceptó abandonar el campanario desde el que se asomó haciendo malabares como hacen las estrellas del fútbol cuando posan para las cámaras de televisión. Clotilde, acompañada de Gerardo ya recuperado de sus molestias intestinales, acudió al hospital para celebrar con Bonifacio los triunfos del equipo, pues la muchacha no acababa de decidirse por uno de los dos. Y él, confundido porque sus sueños, como la duración de un partido, concluían cuando el “trencilla” hacía sonar su silbato por última vez, se supo fuera de juego.
“Claro que paré el penalti, claro que lo paré, pero no pienso bajarme de aquí. Ni que me lo pida usted ni el capitán general de los bomberos. Y si cada vez que se me caiga el balón no me dan otro, o viene Clotilde, o me tiro”
Al final le convencieron y aceptó abandonar el campanario desde el que se asomó haciendo malabares como hacen las estrellas del fútbol cuando posan para las cámaras de televisión. Clotilde, acompañada de Gerardo ya recuperado de sus molestias intestinales, acudió al hospital para celebrar con Bonifacio los triunfos del equipo, pues la muchacha no acababa de decidirse por uno de los dos. Y él, confundido porque sus sueños, como la duración de un partido, concluían cuando el “trencilla” hacía sonar su silbato por última vez, se supo fuera de juego.
miércoles, junio 28, 2006
DE LA PASIÓN Y ALGUNOS AMIGOS
En una entrevista que se publicó en el número especial que EL DECANO de Guadalajara dedicó al quince Maratón de los Cuentos, la actual Consejera de Cultura de la Junta y ahora ex directora de la Biblioteca Pública Provincial de la capital a la que algunos llaman de la Alcarria, Blanca Calvo Alonso- Cortés, manifestaba que no concebía su vida sin el Maratón. Me pareció algo exagerado porque, al final, todos vivimos y sobrevivimos a pesar de la pérdida mayor que pudiéramos sufrir. Mas, así manifestado y sabiendo de la sinceridad con la que se dijo, constituye todo un ejercicio de pasión. Una pasión que tiene del fuego del amor como razón de ser y alimento, aunque no se trate de algo atribuible al lenguaje de los cuerpos enamorados. Una pasión más, porque hay muchas pasiones; muchos amores sin cuyo trascendente humor febril la vida sería, no obstante, algo menor... Veo por ejemplo, como casi todos los días, al ya muy veterano Francisco Aritmendi, una gloria del atletismo español que fue campeón del Cross de las Naciones y que, superados los setenta años, flexiona sus extremidades apoyándose en los bancos de las plazoletas ajardinadas del barrio y recorre al trote las calles de esta urbe pequeñita y muy deudora del popular vecino. Él, que es una persona con familia, ha hecho de su principal pasión- la carrera, el atletismo- hábito. Quizás porque es más fácil que sea así que no dependiendo de algo como el Maratón- el de los cuentos, digo, no el de los cuarenta kilómetros- cuya puesta en escena requiere del concurso y colaboración de muchas otras personas. Se me dirá que también podría haber sido una persona de menores facultades o haber tenido enfermedades y lesiones, pero eso es como manifestar salvedades, casi ponernos en lo imposible, y ya se sabe, todas las excepciones confirman la regla. Por lo tanto, Sea cual fuere nuestra elección, a todos nos conviene el apasionamiento y no cabe rechazar los entusiasmos de orden social ni afectivo, pero tampoco hay que dudar a la hora de conservar un último recurso en el que prenderse... Tenerlo, digo, o hacer de él ropa de todos los días. Algo que nos ilusione sin necesidad de otro concurso que el de nosotros mismos. Porque, luego, llegan las soledades y el tedio abruma más que la losa de la propia tumba. A la encantadora ex alcaldesa de Guadalajara le gusta mucho leer, por ejemplo. Y sé que si algún día el Maratón deja de celebrarse, ni va a morir, ni se aburrirá, ni dejará de apasionarse, puesto que, además de la lectura habrá en su vida otros muchos fuegos a los que atender sin reservas. Tal vez a Paco, a don Paco Aritmendi, el día que las fuerzas le retiren de la calle, le retirarán también de la vida, pero no está mal para quien ha hecho de la pasión existencia admirable.
martes, junio 27, 2006
DEL PAPANATISMO POLÍTICO Y LA ESTULTICIA
No hay otra fuente de necedad más grande que la que se origina en el tedio de algunos aspirantes al asiento de poder que corresponda. Es el caso de quienes, más listos que nadie, bucean en los diccionarios, políticos, politicastros y otros, y otras, merodeadoras del presupuesto público, todos generalmente maltratadores de la palabra y agentes notorios de los abusos que sufre el lenguaje, para reclamar derechos de la “patria” o evitar supuestos ultrajes de clase. Por ejemplo, la iniciativa del Bloque Nacionalista Gallego que, mediante una proposición no de ley, urge al Gobierno de España para que se ponga punto final al menosprecio derivado de los significantes quinto y sexto correspondientes a la palabra GALLEGO. Según tal solicitud la Real Academia Española debe suprimir o contextualizar adecuadamente las voces de “tonto” o “tartamudo” que en Costa Rica o en El Salvador son también sinónimos de la palabra dicha. Y para refrendar la “importantísima” reclamación a la que aludo, Francisco Rodríguez, portavoz del partido en el Congreso, según informan en el diario EL PAÍS, afirma que, tales usos proceden de “dos países pequeños y de poca trascendencia que no son representativos“... Luego, concluye con insultos lo que en principio es una demostración de ignorancia que pone al descubierto la escasa identidad cultural y manifiesto imperio de la idiotez en quienes entretienen el tiempo pagado por los ciudadanos para que se les sirva en otros asuntos que no sean las memeces, como decía al principio, fruto del aburrimiento y la frustración de los permanentemente a medias entre el sillón de mando y la nada. Algo a lo que hace alusión el académico Arturo Pérez Reverte en su magnífico artículo SOBRE GALLEGOS Y DICCIONARIOS. Dice Reverte: “Esto demuestra que nadie en el Benegá reflexiona sobre la misión de los diccionarios. Descuido, diríamos. O quizá no es que no reflexionen, sino que no saben. Ignorancia, sería entonces la palabra. Aunque tal vez sepan, pero no les importe, o no entiendan. Se trataría, en tal caso, de demagogia y torpeza. Y cuando descuido, ignorancia, demagogia y torpeza se combinan en política, sucede que en ésta, como en la cárcel del pobre don Miguel de Cervantes, toda imbecilidad tiene su asiento”. Y, aunque lo mejor es leer el artículo citado que no tiene desperdicio, en otra parte añade don Arturo: “En el caso de gallego, esas dos acepciones vinieron de las academias costarricense y salvadoreña. Y no podía ser de otro modo, pues el diccionario, al ser panhispánico, está obligado a dejar constancia de los usos generales, tanto españoles como americanos. Ni crea la lengua, ni puede ocultar la realidad que la lengua representa. Y desde luego, no está concebido para manipularla según los intereses políticos o socialmente correctos del momento, aunque ciertos partidos o colectivos se empeñen en ello. El DRAE realiza un esfuerzo constante por detectar y corregir las definiciones que, por razones históricas o de prejuicios sociales, resultan inútilmente ofensivas. Pero no puede borrar de un plumazo la memoria y la vida de las palabras. Retorcerlas fuera de sentido o de lógica, eliminar merienda de negros, gitanear, hacer el indio, judiada, punto filipino, mal francés, andaluzada, moro, charnego, etcétera, satisfaría a mucha gente de buena fe y a varios notorios cantamañanas; pero privaría de sentido a usos que, desde Cervantes hasta hoy, forman parte de nuestras herramientas léxicas habituales, por desafortunadas que sean. Por supuesto, el día que dejen de utilizarse, la RAE tendrá sumo placer, no en borrarlas del diccionario –los textos que las incluyen seguirán existiendo–, sino en añadirles la feliz abreviatura Desus: Desusado”... Desusado debería ser el cartel que se dispusiera sobre el cerebro de algunos. Por lo menos de éstos que tras cientos de años de vida de una palabra, de una lengua, ahora, precisamente ahora que se sienten autoridad desde ese nacionalismo anacrónico y aberrante que proclaman, van a rebuscar en los diccionarios, no para aprender algo, sino para encontrar nuevas ventajas políticas o conceder carta de naturaleza al absurdo. Son los mismos payasos- y que no se ofendan también los payasos- que pretenden que los muertos gallegos se mueran en gallego y no en español: lápidas que hablarán a la fuerza lo que dicte el legislador nacionalista según se pretende, sea cual fuera la voluntad del finado o de sus deudos. Y, mientras tanto, los verdaderos problemas de la gente, redactados por riguroso orden y guardados en el cajón de los olvidos hasta que lleguen las próximas elecciones.
domingo, junio 25, 2006
DE LA LUNA CAÍDA* A LA LUNA DE SAN JUAN
Estuve a punto de callarlo y quizás eso es lo que debiera haber hecho. Pero, ¿cómo engañarte? ¿Cómo ocultar esa sorpresa que me robó parte del tinte mediterráneo que cobré paseando contigo al sol?... La luna de ceniza ofrecía su vientre a los gusanos emergiendo apenas entre la basura dentro del contenedor. La misma luna que acompañó las ilusiones de niños de todas las edades que sobre el escenario del Maratón explicaron el mundo de todos los mundos y atentos, armando oleadas humanas unas veces más tranquilas otras veces menos reposadas a la hora de escuchar, recibían la risa, la emoción, el gozo... Porque hasta ahora sólo te lo había contado. Te dije de una ciudad que tenía verdadera noticia de sí misma cuando, a mediados de junio, casi al final mismo de la primavera, se daba cita en el mejor de los escenarios- ese Patio de los Leones del Palacio del Infantado- para regresar a los orígenes de la vida. Porque de eso se trata. Apelar a la palabra para reencontrarnos, para reconocernos en otros y otras que hubiéramos querido ser o a los que hubiéramos querido acompañar. Y, seguramente, en ese momento de escuchar al narrador que corresponda, vivir esa parte de la vida que aún no vivimos... Escribir cuentos es gloria que, a veces, los libros dan a la eternidad, pero palpitar garganta afuera mientras pares de ojos y pares de ojos vuelan al tiempo que vuelan los brazos de aquel a quien se concedió la palabra en gesto único y única voz, es una experiencia equiparable al mejor y más valioso de los tesoros. Por eso me gustó que en esta ocasión, cuando acordamos subir y bajar mediante una escalera fantástica del entarimado donde se desarrolló la edición número quince a los dominios de plata de la luna lunera, apechugaras con el sinsabor del clima, el desgaste de las horas y fueras una más, pues estuviste a mi lado cuando conté aunque permanecieras fiel con los fieles escuchantes a esas horas de después del amanecer, entre los novecientos seis cuentistas que, durante cuarenta y seis horas de narración oral ininterrumpida, contaron, contamos, seiscientos treinta y seis cuentos. Es la fiesta de Guadalajara, mi fiesta y, ahora, ya lo sé, puede empezar a ser tu fiesta. Por eso te entregué esa rosa de cerámica, ese redondel esta vez de divertida luna, que distingue a los que ofrecen unos minutos de su latente ingenio en pos de otorgar un pedazo de maravilla porque sí, ya que era tan tuyo como mío: el honor del narrador también lo es de quien le ama... Pero me apenó el destino de la luna que sabíamos de cartón y no por ello menos luna. Una luna derrotada, desasosegante que fue luna de delicias. Una luna, sin embargo, que se alzará para todos con el mismo rubor de plomo y gordezuelos resoplidos de partículas estelares que formaban letras en el aire, cuando el Maratón número dieciséis se inicie el año que viene. Yo lo sé y sé que habrá esa misma luna llena allá donde tu hagas pie sobre la arena que besa el “Mare Nostrum” en la noche de San Juan.
*LA LUNA GANÓ EL PULSO A LA LLUVIA EN EL MARATÓN DE LOS CUENTOS.
El balance de la décimo quinta edición del gran Festival de la Palabra no pudo ser más satisfactorio: 906 cuentistas, 636 cuentos, 46 horas de narración oral ininterrumpida y un éxito de público a pesar del mal tiempo.
NOTICIAS DE GUADALAJARA. Viernes 23 de Junio de 2006
*LA LUNA GANÓ EL PULSO A LA LLUVIA EN EL MARATÓN DE LOS CUENTOS.
El balance de la décimo quinta edición del gran Festival de la Palabra no pudo ser más satisfactorio: 906 cuentistas, 636 cuentos, 46 horas de narración oral ininterrumpida y un éxito de público a pesar del mal tiempo.
NOTICIAS DE GUADALAJARA. Viernes 23 de Junio de 2006
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